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Entrevista:LUIS FRANCISCO ESPLÁ | TORERO | Convers@ciones en la red

'Me alío con el toro como Sorolla con la luz'

P. ¿Cómo encara la guerra? R. Me da náuseas. Odio los robos con violencia y me gustan los carteristas

El pasado domingo Luis Francisco Esplá (Alicante, 1958) salía a hombros por la puerta grande de la plaza de las Ventas. Han pasado 25 años de su alternativa, de manos de Paco Camino, y veinte de su éxito en Madrid con la corrida de los victorinos.

P. De los pases del domingo, Joaquín Vidal escribió que eran 'de una belleza inmarcesible'.

R. Eso es parte de la literatura que rodea al toreo, el hombre tiene la capacidad de poetizar.

P. El público decía que tiene usted lo que les falta a los demás: torería.

R. Hay un corte generacional en la lidia. Antes la liturgia obligaba a una reflexión y me parece que en estos tiempos no se le da tanta importancia.

P. ¿La torería es más magia o liturgia?

R. Es difícil saber dónde está la frontera, hasta dónde alcanza la voluntad del toro y la del torero. Cuando la magia se materializa al espectador le llega sin saber donde está el perfil, es una implicación de todo, de las dos voluntades, la del toro y la del torero que quiere dominar a la bestia, entonces, ambas se funden en una sola presencia y es cuando se está produciendo el toreo.

P. También hubo un aficionado que, mientras usted buscaba un pase de pecho, le gritó 'es usted cojonudo' y usted tuvo la ocurrencia de darle las gracias.

R. Me giré, fue un gesto que responde a parte de esa literatura que a veces se da en el tendido. Cada espectador puede percibir el toreo según su estilo cognoscitivo y emocionarse con distintas historias en la misma corrida.

P. Hay quien asegura que torea con el Cossío en la mano ¿pesa mucho?

R. Es una exageración, e incluso una estupidez, la lidia requiere flexibilidad de ideas. Yo crecí oyendo a los toreos antiguos y he sido fiel a la tradición.

P. Usted es torero de colocar a los toros, ¿qué implica la geometría en la lidia?

R. He hablado siempre de la implicación del círculo, de las distancias, porque los toros son sujetos geométricos, están sujetos a una física apabullante. Está la velocidad del toro y tú tienes que sujetar a esa evidencia en movimiento. El toreo perfecto se acerca al círculo: cuando más se acerca, más cerca se está de la perfección. Lo que pasa es que es difícil de lograr.

P. Cuando se habla de toreos con ángel se cita a Rafael de Paula y cuando se habla de toreo de conceptos a Luis Francisco Esplá. ¿Eso lo asume?

R. Como el tener la nariz larga.

P. También dicen que es muy didáctico y que viéndole torear se sabe si el toro es bueno o malo.

R. Una de mis preocupaciones es hacer inteligible al espectador el material que tengo.

P. Eso es sinceridad.

R. Es que el toro es un material sublime porque está vivo y yo no tengo más compromiso que exaltarlo y matarlo. Si fuese piedra no tendría sentido. Por eso creo que, en el toreo, el proceso creativo se tiene que invertir. La idea y la inspiración deben quedar relegadas para que el espectador conozca al toro. Si no logro hacerle entender al público como es el animal le estoy haciendo un flaco favor a un material tan hermoso como es un toro vivo al que habrá que matar.

P. ¿Por eso dejó la pintura?

R. No. Yo sigo viviendo la pintura, al plástico que llevo dentro y por ejemplo esa retórica de los cojones y todo eso, pues no me gusta. También hay pintores que nos van haciendo ver el porqué de su obra. Ante una luz tan endiablada como la de aquí, Sorolla se alía con ella. Yo hago la misma propuesta, aliarme con el toro. En ocasiones se me insinúa y yo obedezco porque se trata de trocar dos voluntades. La naturaleza tiene una tendencia al caos sea el toro, o un río que se desvía de su cauce y quiere volver a él. En el toreo esa tendencia del animal la cambias en voluntad de colaboración para que acabe por ceñirse a tu cintura y si apareciese como una imposición no sería mi toreo.

P. ¿Triunfar en otoño, proporciona un placer especial, una especie de venganza secreta?

P. Siempre en los triunfos hay una especie de revancha. Es así como se saldan las cuentas en este negocio.

P. ¿El toreo es una metáfora de la vida?

R. Sí. En cualquier deporte, el riesgo no es el fin en sí mismo, ni siquiera en el alpinismo o el automovilismo. Pero aquí hay que tocarle el culo a la parca, aquí el riesgo es el fin que nutre la fiesta y la esencia misma del espectáculo. Hay un coqueteo con la muerte y eso en el fondo es sintetizar la vida del ser humano, porque al final lo que hacemos viviendo cada día es evitar el desenlace fatal.

P. ¿Cómo encara la guerra un torero?

R. Me da náuseas. Toda violencia generada por el ser humano contra el ser humano me parece horrible, por eso odio los robos con violencia y soy un enamorado de los carteristas y los timadores, ¡qué se lleven lo que puedan!

P.¿Y lo de Gescartera?

R. Les está bien empleado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de octubre de 2001