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COLUMNA

'I els fotuts els mateixos'

'La sociedad valenciana tiene un proyecto político de futuro y unos objetivos claros', dijo el president Joan Lerma el 9 de octubre de 1991, primer año de la última década que cerraba siglo y milenio. El president Eduardo Zaplana ha continuado el discurso una década después: el día de la fiesta de los valencianos 'ya no agotará más su mirada en el pasado, sino que volverá su reivindicación hacia el futuro', manifestó en el primer año de la primera década que abre siglo y milenio. En aquella fecha, el PP consideraba necesaria una modificación 'inmediata' del Estatuto de Autonomía, 'para aclarar el panorama competencial de la Comunidad y consolidar así a esta región equiparada a las llamadas históricas'. Pedro Agramunt, por entonces cabeza de fila de los populares metía prisa para acometer una reforma que consolidaría el hecho diferencial valenciano. Hace cinco días, después del tradicional discurso en el Palau, Joan Ribó, coordinador de EU, dijo que las palabras de Zaplana sonaban a responso por la reforma del Estatuto de Autonomía -'una renuncia clara'-, mientras Joan Ignasi Pla sentenciaba que el president, en su intervención, no había hecho más que expresar con toda claridad 'la decadencia de una etapa'.

En ambas ocasiones tan emblemáticas como vacuas y milenaristas -el guión de una efemérides, con ciertas contradicciones históricas, debe ser el mismo de los últimos años, con alguna enmienda y algún remiendo-, no se escatimaron las referencias al panorama internacional, que siempre da empaque y una deseable, aunque imperceptible, presencia planetaria de esta Comunidad malparida y consensuada híbrida de país y región. Si Lerma se refirió a los entonces recientes acontecimientos de la Europa central y del Este; Zaplana no olvidó los atentados terroristas de hace un mes contra el Pentágono y el World Trade Center; y uno y otro igualmente hablaron de una transición ya concluida, mientras se mercadeaba con los escombros del muro de Berlín, como ahora con los restos de las Gemelas: y si el primero voceaba la vertebración de todos los valencianos; el segundo, la conquista de 'unas señas de identidad que nos definen y que reconocemos como propias', así como quien no se escucha más que a sí mismo, porque los demás qué importa lo que crean y opinen; Lerma, más modesto y realista, afirmaba que la Comunidad Valenciana quería contarse entre las más desarrolladas de Europa; mientras, hoy, Zaplana anuncia que no es que quiera contarse, sino que es la primera de Europa.

Diez años ya, que cuentan lo suyo: civilmente resistiendo, lingüísticamente confundiendo, políticamente titubeando, democráticamente perdiendo, culturalmente ni se sabe, identitariamente sin país reconocido y comunitariamente desconfiando . Empezó la década, cuando Bush padre ya había devastado el paisanaje de Bagdad; y concluye cuando Bush hijo ha comenzado a devastar el paisanaje de Kabul. Nou d'Octubre una fecha bien escenificada para que los estamentos oficiales superen su atrofia fabuladora y se confeccionen la historia a su medida, a su mentira. Algún Nou d'Octubre de estos los valencianos la espolsaran de arriba abajo, y harán confetti con el guión de un discurso tan ajeno como aburrido. 'I els fotuts els mateixos', amigo Ovidi.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de octubre de 2001