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El duelo de los 25 segundos

La carrera vivirá entre la montaña de El Escorial y la contrarreloj de Madrid uno de sus finales más intensos

Carlos Arribas

Aunque parezca increíble, no hay dudas. La noticia es buena. La Vuelta termina este fin de semana. Han pasado tantas cosas en la carretera que parece que fue en el siglo pasado, y no hace sólo tres semanas, cuando comenzó en Salamanca. Por ejemplo, se ha volatilizado el tridente del ONCE-Eroski y los organizadores han conseguido su objetivo único: que las dos etapas finales, la de hoy, por los montes de El Escorial, y la de mañana, por las calles de Madrid, sean las que decidan el ganador.

Dos corredores españoles, un escalador que ha aprendido a ser contrarrelojista, Óscar Sevilla, y un rodador que ha perdido culo y escala algo, Ángel Casero, llegan al fin de semana madrileño separados por sólo 25 segundos, un margen mínimo e inimaginable para dos personajes que sólo salían como secundarios en la foto del comienzo de la carrera. Un final paradójico para la Vuelta de los reventones.

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Por si alguien no se acuerda, ya que ocurrió hace siglos, esta Vuelta comenzó con el increíble Botero, ¿dónde está?, asustando por su fortaleza. Continuó con Mercado, que algo aguanta, revelándose en los lagos de Covadonga, allá por la quinta etapa, en la que se estableció la primera jerarquía algo sólida con Sevilla, Beloki y Jiménez: todos, escaladores, porque, con tanta montaña, ésta debía ser la Vuelta de los escaladores. Después, aunque suene a prehistórico, Beloki, ¿dónde está?, fue líder en la Demanda dos días antes de reventar miserablemente en Andorra. Aquel terreno de los Pirineos encumbró a Jiménez, ¿dónde está?, que fue la estrella antes de dejarse llevar miserablemente en la ascensión a Aitana.

Ese último día se consolidó definitivamente la jerarquía más sólida, la que aún se mantiene, entre dos corredores que no han brillado excesivamente, pero que tampoco han reventado nunca. La Vuelta, finalmente, de las laboriosas hormigas. Ninguno de los dos ha ganado una etapa. Ninguno ha destacado en ningún terreno.

Cuando alguien a su lado afirme que unos segundos no son nada en una Vuelta, no lo crean. Mal que les pese, ni el escalador que ha aprendido a rodar ni el rodador que ha aprendido a escalar han logrado distanciar a su rival ni en medio minuto en todas las etapas de montaña disputadas -seis llegadas en alto- ni en las contrarreloj llanas -56,2 kilómetros en total-. En la montaña, Sevilla ha logrado superar a Casero en 27 segundos; en las contrarreloj, el alegre valenciano sólo pudo conseguir 24 sobre el sonriente manchego. Tres segundos de diferencia en las etapas decisivas. Los otros 22, hasta llegar a los 25 actuales, son producto de la llegada a León, la caída que cortó al pelotón y que penalizó a Casero.

Estos datos desautorizan la teoría esquemática que decía, y dice, que a Casero, el contrarrelojista, le valdrá con resistir en la doble subida a Abantos de hoy para remachar mañana en su especialidad por las calles de Madrid. Y también es falsa la apreciación contraria: la que dice que a Sevilla, el escalador, le valdrá con sacar algo de Abantos, el durísimo puerto que sale de El Escorial y, tras unos duros repechos de cemento en la zona de urbanizaciones, asciende por medio del bosque a los 1.850 metros. Mil metros de desnivel, 15 kilómetros. No está mal. Y se sube dos veces, para solaz de los exclusivos invitados.

Las dos ocasiones en que se subió a Abantos, en 1999 y 2000, la Vuelta ya llegaba decidida a sus pendientes, por lo que las actuaciones pasadas de Sevilla y Casero en la ascensión o las escasas diferencias que hubo entre ambos no valen de referencia en 2001. Los duelistas también se muestran cautos en sus declaraciones, por lo que el único índice al que agarrarse a la hora de apostar por uno u otro debe ser la tendencia observada la última semana y el ascendente psicológico que parece haber adquirido Casero sobre Sevilla en las últimas subidas.

El líder del Kelme, que intenta ganar la Vuelta después de terminar séptimo y maillot blanco en un extraordinario Tour, lo que debería propiciar su agotamiento, alcanzó una máxima ventaja sobre Casero de 48 segundos en la ascensión a los lagos. Después, el valenciano ha ido limando la diferencia y, de paso, la moral del chico de Ossa de Montiel: 9 segundos en la Demanda, igualdad en La Molina y Pal y, el golpe más fuerte, 16 en Aitana.

El último golpe de efecto de Casero, que, dicen en su equipo, tiene prisa por acabar con el suspense en la montaña, se produjo el jueves, en el empedrado de Cuenca. Hubo un momento en que Sevilla y él marchaban en paralelo y en cabeza, cada uno sobre su vía, durante la ascensión. Fue un pulso muy tenso. Lo ganó Casero: Sevilla debió cruzar la calle y ponerse a su rueda. Quizá fue sólo una impresión.

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Sobre la firma

Carlos Arribas
Periodista de EL PAÍS desde 1990. Cubre regularmente los Juegos Olímpicos, las principales competiciones de ciclismo y atletismo y las noticias de dopaje.

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