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Reportaje:

Heynckes redescubre a Guerrero

El técnico alemán, que le hizo debutar a los 17 años, recupera para el Athletic a un jugador prematuramente alicaído

Cuando llegó a Bilbao por segunda vez, Jupp Heynckes incluyó entre sus objetivos prioritarios recuperar a Julen Guerrero, el futbolista al que dio la alternativa en 1992 y al que se encontró hundido y un tanto vilipendiado nueve años después. Al técnico alemán no le entraba en la cabeza que aquel jugador tan ejemplar como singular hubiera recorrido la cuesta abajo, casi sin frenos, en la mejor edad, a los 27 años, y en un club no sobrado precisamente de talentos naturales.

Guerrero ha sido y es una debilidad de Heynckes. En el historial de un entrenador no es fácil descubrir una estrella a los 17 años en un club que vive de la cantera. Cuando Heynckes le hizo debutar, en septiembre de 1992, resultó que todo el mundo había descubierto el Mediterráneo unos años antes. Lo cierto es que sólo Blas Ziarreta, hoy responsable del Eibar, le había hecho estrenarse en la Segunda División con el Bilbao Athletic: en Compostela, donde marcó tres goles. Y sólo Heynckes tuvo el valor de otorgarle, con 17 años, la dirección del juego de un equipo conservador por tradición y, de paso, crear un fenómeno social que revitalizaba la nerviosidad de un club que había adelgazado en el pestigio social.

Nueve años después, la resurrección de Guerrero tiene visos de continuidad. ¿Y qué le ha dado Heynckes al capitán rojiblanco que no le hayan dado entrenadores afines? Ni Javier Irureta ni Txetxu Rojo, tecnicos correligionarios de su juego, hallaron al Guerrero del 92 y el 93. De momento, se sabe lo que Heynckes no le ha dado. Los dos preparadores que más negativamente han influido en Guerrero han sido Dragoslav Stepanovic y Luis Fernández. El yugoslavo, en una temporada nefasta, hizo recaer sobre él toda la responsabilidad: le nombró capitán y sólo citaba su nombre como remedio para la enfermedad del equipo. Esa decisión alejó al jugador del vestuario porque todos los equipos digieren mal el monopolio personal de la imagen colectiva. Fernández hurgó en la herida y las relaciones entre ambos fueron educadamente tormentosas. El técnico hispano- francés no se atrevió a prescindir de sus servicios, pero, a cambio, ninguneó sus prestaciones.

Heynckes se ha limitado a ponerle en su sitio. En todos los sentidos: confianza y exigencia. Cuando no funciona, le enseña el recambio, el navarro Tiko. Pero confía en él, hasta el punto de arriesgar una cierta mueca de adversidad en el vestuario. En Riazor, un campo talismán, volvieron el mejor Guerrero y el mejor Heynckes. El técnico lo dijo en la conferencia de prensa. Al jugador se le notaba en la cara y en el juego.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 22 de septiembre de 2001