LA LIDIA

El diestro Antonio José Galán y un banderillero fallecen en accidente de tráfico

El diestro Antonio José Galán, de 52 años, falleció ayer por la tarde en un accidente de tráfico, junto al banderillero Francisco José Losada de la cuadrilla de su hijo, el novillero David Galán, en las cercanías de Aranda de Duero (Burgos). El torero, ya retirado, volvía a su casa en Fuengirola (Málaga) desde la localidad francesa de Bayona, donde ayer por la mañana había toreado su hijo.

En el coche, además de Galán, y el banderillero fallecido, viajaban su hijo David, que salió ileso, y otros dos miembros de la cuadrilla, que resultaron heridos graves. Al parecer, el accidente se produjo al salirse el coche, un Mercedes Benz 320, de la carretera y dar varias vueltas de campana. Los heridos fueron trasladados al hospital de Miranda de Ebro.

Antonio José Galán nació en Bujalance, Córdoba, en 1948. A los doce años, su familia se instaló en Fuengirola (Málaga) y fue allí donde inició su pasión por el toreo, tomando lecciones del maestro Rafael Ortega. Galán debutó en la plaza malagueña de Mijas a los 20 años y tomó la alternativa tres años después en Málaga capital, de manos de Miguel Márquez.

Su heterodoxa manera de matar, atacando a la res sin engaño, le granjeó gran popularidad entre el público, que cariñosamente le apodó El loco Galán. Fue el 11 de octubre de 1992 cuando toreó su última corrida de luces en Fuengirola, alternando con Enrique Ponce y Jesulín de Ubrique.

Ganadero, empresario y propietario de la plaza de toros de Mijas, donde participó en los últimos años en numerosos festivales, nunca dejó de estar vinculado a la Fiesta. Todo su empeño estaba últimamente centrado en impulsar la carrera de su hijo David Galán.

Torero épico

Antonio José Galán fue un profesional de largo alcance, pero sobre todo, de una característica épica que llevaba el tremendismo a sus últimas consecuencias, informa Joaquín Vidal. Era torero que podía estar bien o mal en sus faenas, pero a la hora de la verdad -que es la de la estocada- se entregaba hasta extremos increíbles. Es decir, que arrojaba la muleta, se tiraba a volapié a cuerpo limpio, y mientras hundía el acero salía por los aires como un pelele. Gozó de gran cartel en las décadas de los setenta y ochenta, y hubo plazas, como la de Pamplona, que le tenían asignada la categoría de héroe. Retirado de los ruedos, siguió en el mundillo taurino como promotor de toreros y organizador de festejos.

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