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Crónica:COPA AMÉRICA

Colombia se riega de maizena

El pueblo celebra el primer título de la Copa América y lo sueña como punto de partida para la paz

En Colombia, las alegrías se riegan con maizena. Sale la gente a la calle armada de bolsas de harina y se pringan unos a otros. Así expresan su felicidad. Así, cuarenta millones de hinchas, reunidos alrededor del fútbol por toda la geografía del país, celebraron ayer hasta altas horas de la madrugada el primer gran título de su selección, la Copa América. El emocionante gol de Iván Córdoba, el angustioso 1-0 frente a México, las lágrimas de orgullo que fueron derramando uno a uno todos los protagonistas.

Maturana se quedó sin voz siquiera para acudir a la conferencia de prensa. Ganó Colombia y su gente se olvidó por un momento de la tristeza, del dolor inseparable que le acompaña a diario con el ruido de los secuestros y los asesinatos. Le ganó la paz al miedo, la esperanza a la resignación. El fútbol unió a los colombianos y les animó a juntarse de nuevo para las causas mayores. Ése fue el mensaje unánime de la final. No se habló del juego, se habló de sueños, del título como motor para la esperanza. De la paz, del futuro de un país que 'puede salir adelante'. Colombia fue por una vez decididamente feliz. Corrió el aguardiante, el baile y la maizena. Y sólo los matices trágicos de las celebraciones, cuatro muertos por atropello y múltiples heridos, empañaron a última hora su día más grande.

COLOMBIA 1| MÉXICO 0

Colombia: Ó. Córdoba; López, Yepes, I. Córdoba, Bedoya; Grisales, Vargas, Ramírez, Hernández (Molina, m. 88); Aristizábal (Castillo, m. 32) y Murillo. México: Pérez; A. Rodríguez (Zepeda, m. 72), Mercado, J. Rodríguez, H. Morales; Arellano (Victorino, m.53), Torrado, Valdés, J. P. Rodríguez (Osorno, m.67); Borgetti y R. Morales. Goles: M. 65. Iván Córdoba, de cabeza. Árbitro: Aquino (Paraguay). Amonestó a Bedoya, R. Morales y expulsó a Aguirre, técnico de México, Rodríguez y Torrado. Lleno en El Campín de Bogotá. Para el tercer puesto Honduras ganó por penaltis (5-4) a Uruguay tras empatar, 2-2.

La Copa América sentenció que se podía creer en Colombia. Pese a los prejuicios, fue un excelente anfitrión. La vigilancia policial y militar, extrema, limpió de incidentes y sucesos los alrededores de la competición. Nada que lamentar en las ciudades sede. La cruda realidad siguió goteando en otros puntos del país, pero a menor ritmo. La guerrilla, que ayer se dejó fotografiar junto al televisor para airear que el triunfo de la selección también le dejaba feliz, protagonizó cuatro acciones de impacto (un ataque, la toma de un pueblo y dos secuestros, uno de ellos masivo). Y la delincuencia bajó en un 35%.

Más bien gris desde el punto de vista deportivo, con Colombia y Costa Rica como únicas excepciones a un fútbol mayoritariamente plano, la Copa América resultó todo un acontecimiento social. Los colombianos se sintieron heridos y ofendidos cuando el miedo y las sospechas de los demás a punto estuvieron de dejarles sin torneo. Desde entonces, se tomaron su disputa y la venta de una buena imagen del país como algo personal. 'Compromiso patria, más compromiso fútbol', lo describió Maturana. Vestidos de amarillo, aunque no jugase su equipo (hasta el presidente Pastrana siguió el torneo vestido con la camiseta de la selección), los colombianos participaron activamente de la Copa en todas las ciudades durante las tres semanas. 22.800 espectadores por partido, la media más elevada en la historia del torneo. Una fiesta permanente que también se tradujo en dinero. No en Medellín, donde por culpa de la renuncia de Argentina, según las autoridades, las pérdidas se elevan a 3.000 millones de pesetas. Pero para las demás ciudades, y aunque las cifras son difíciles de establecer, se calcula que la Copa supuso unos beneficios de 12.000 millones de pesetas.

Colombia ganó su Copa. No sólo su primer título futbolístico, sino su desafío, su necesidad de mostrarse ante el mundo como un país capaz. Se unió alrededor del fútbol y ganó. La duda es ahora saber si el sentimiento colectivo terminó con el cabezazo de Córdoba o si los colombianos son capaces de seguir jugando todos a una el partido de la paz.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 31 de julio de 2001