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REPORTAJE

'Sentí como de mi pistola salían dos tiros'

El carabinero que mató de dos disparos a un manifestante en Génova explica ante el fiscal cómo vivió los hechos

El carabinero Mario Placanica disparó el pasado 20 de julio contra Carlo Giuliani en Génova, causándole la muerte. A continuación se reproduce la declaración del joven de 20 años ante la fiscalía de Génova que investiga las circunstancias de la muerte del manifestante, de 23 años:

'Me había desplegado con mi pelotón desde la mañana. Llevábamos de servicio desde cerca de las 6.30. (...) Al atardecer estábamos en una zona de la ciudad donde se habían registrado violentos enfrentamientos, en el curso de los cuales había sido quemado un blindado de los carabineros. En el transcurso de estos enfrentamientos, yo personalmente disparé gases lacrimógenos, por cuanto estoy destinado específicamente a esa tarea. Tengo que dejar constancia de que todo el pelotón nos movíamos a pie seguidos de dos defender; esto es, dos todoterreno, a bordo de los cuales viajaban dos oficiales.

A causa del humo de los gases lacrimógenos, después de muchos disparos, había inhalado mucho y mi máscara ya no era capaz de protegerme, por lo que sentía arder los ojos y el rostro. Por este motivo, llegado un cierto momento, me acerqué al defender y pedí ayuda. Subí al vehículo. Me sentía mal y vomité. El vehículo al que subí estaba conducido por [un carabinero llamado] Cavataio.

Después, el pelotón sufrió un ataque por parte de numerosos manifestantes, carga que fue rechazada. Nosotros habíamos seguido al pelotón a bordo del coche. La situación se tranquilizó y los integrantes del pelotón, para respirar aire fresco, se quitaron la máscara antigás. En este momento, yo me encontraba en el coche sólo con el conductor y otro compañero, del que no recuerdo el nombre, y que, como yo, había tenido problemas con los gases lacrimógenos.

Los manifestantes volvieron a avanzar y los carabineros cargaron para rechazarlos. Sin embargo, la carga de los carabineros fue rechazada por los manifestantes. La confusión era tremenda y el conductor intentó dar marcha atrás, rodeado por manifestantes que habían roto la formación de los carabineros. Sin embargo, quedó bloqueado por un contenedor de basura lleno y volcado por los manifestantes. Si hubiera estado vacío el coche habría sido capaz de superar el obstáculo. En ese momento, mi compañero y yo quedamos aterrorizados, porque los manifestantes continuaron lanzando piedras de gran, más bien de enorme, dimensión.

Los cristales del vehículo, los laterales y posteriores [el coche sólo tiene protegidos por una tela metálica los cristales de delante] habían saltado en pedazos debido a las pedradas. Comencé a gritar al conductor que escapase y le chillé que nos estaban matando. De hecho, estábamos rodeados de manifestantes, que para mí eran centenares. En ese momento vi a mi compañero con problemas y pensé que debía defenderlo. Le abracé por la espalda y traté de tumbarlo en el suelo del jeep. Yo daba patadas porque los manifestantes tiraban de una pierna que, desde el exterior, habían agarrado intentando sacarme fuera del coche. También arrojaron objetos pesados dentro, aunque no supe de lo que se trataba, y algo extremadamente metálico y pesado me golpeó. [La fiscalía constata que el policía tiene una rodilla hinchada y luxada]. Mientras estábamos acurrucados y nos defendíamos de los ataques que he descrito, continuaban entrando piedras en el coche. Mi amigo resultó herido debajo del ojo, a la altura del pómulo. Entonces, cada vez más aterrorizado, grité al conductor que se moviera, que no aguantaba más. Después de esto, una gran piedra blanca con los bordes cortantes me golpeó en la cabeza. Esta piedra no estaba siendo lanzada y me golpeó por dos veces en la cabeza, hiriéndome. A la vista de la sangre y de mi amigo herido eché mano de la pistola, que portaba a la altura del muslo, poniendo, no obstante, el seguro.

Al mismo tiempo amenazaba a los manifestantes para que pararan o, si no, dispararía. En la agitación, y tratando de defenderme -me he acordado posteriormente-, inadvertidamente quité el seguro con mi mano. El lanzamiento de piedras continuó y sentí cómo mi mano se contraía y de mi pistola salían dos disparos. Yo estaba acurrucado con la mano alzada y armada. Mi mano con la pistola era eso que sobresalía de la camioneta. Después de los dos disparos continuaron cayendo piedras. Nadie gritó ni dijo nada sobre la posibilidad de que hubiera alcanzado a alguien'.

© La Repubblica / EL PAÍS.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 27 de julio de 2001