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Crónica:LA MONUMENTAL DE BARCELONA

Se rompió la racha

José Tomás es, desde luego, santo y seña para la afición barcelonesa, pero ayer se rompió su racha de éxitos, orejas y puertas grande. En buena parte fue por culpa de la muy desigual corrida, en la que tres toros de Hermanos Sampedro sustituiran a los tres anunciados de Domingo Hernández. Su primero fue protestado por su falta de trapio y, aunque con un cierto cabeceo, comenzó sirviendo en la muleta, sólo hasta que se aplomó. Tomás dio buenos muletazos, pero no se acopló con el animal, con muchas pausas. El quinto, con trapío, llegó reservón y poco franco al último tercio y Tomás, que lo había lanceado lucidamente a la verónica, intentó meterlo en la muleta, también con muchas pausas y sin que el toro arrancae en determinadas distancias.

Garcigrande / Finito, Tomás, Moranta

Toros: 1º, 5º y 6º de Garcigrande; 2º y 4ª de Hermanos Sampedro y 3º de Los Bayones, muy desiguales de presencia y fuerza, deslucidos a excepción del buen primero. 3º y 3º bis devueltos a los corrales por su invalidez. Finito de Cordoba;, oreja y oreja; salió a hombros. José Tomás: aviso y ovación; división y saluda. Morante de la Puebla: silencio; aviso y ovación. Plaza Monumental, 22 de julio. Tres cuartos de entrada.

Finito de Córdoba, en cambio, en un gran momento, parece atravesar una buena racha. Cortó oreja en los dos y salió a hombros por la única puerta en que hoy se sale a hombros. Tuvo la suerte de que le tocara el mejor ejemplar del encierro y lo toreó, aunque en series muy cortas, con hondura, elegancia y temple, en una faena casi dibujada. El cuarto manseó en los dos primeros tercios, cambió para bueno en la muleta, pero se aplomó muy pronto: hasta que el toro se aplomó, humo otra vez magníficos muletazos por ambos pitones, con el colofón de una estocada entera.

El segundo sobrero, sin humillar y venciéndose por el izquierdo, no permitió más que breves y asislados apuntes de clase a Morante de la Puebla. El sexto manseó descaradamente, pero llegó a la muleta violento y transmitiendo emoción, hasta que se rajó definitivamente, refugiándose en tablas. Morante de la Puebla, magnífico a la verónica, le hizo, mientras la res lo medio permitió, un muleteo de mucho mérito, con arte, torería, sentido estético y hasta valor. Malogró con la espada la obtención de un posible trofeo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de julio de 2001