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Recuperar el 'bel canto' y crear ídolos propios

En el aspecto artístico también se quieren hacer oír voces como la de la los cantantes españoles Teresa Berganza o Enrique Viana, que la semana pasada impartió un curso en Aranjuez sobre su especialidad, el bel canto. Enrique Viana echa de menos en el teatro más montajes belcantistas, títulos de Donizetti, Bellini o Rossini, que por primera vez se ha programado este año desde la reapertura con La cenerentola, un gran éxito. 'El bel canto, una especialidad en la que se prima la belleza de la voz y del canto sobre todas las cosas, es la base de la ópera, lo que Bach para otros géneros, y debe tener más presencia, porque causa muchísimo placer para el público', afirma.

Teresa Berganza, que el día 27 de julio estrena Così fan tutte, de Mozart, en Santander, con alumnos de la Escuela Reina Sofía, en lo que será el cierre de los Encuentros de Música y Academia, se muestra magnánima, pero exigente. 'Es un buen balance. A un teatro nuevo se le deben perdonar las peores cosas, pero lo que me gustaría es que se llegara al nivel de lo que hemos visto aquí de la Deutsche Staatsoper de Berlín. Por ejemplo, el Fidelio que ha dirigido este año Daniel Barenboim'. También incide Berganza en la necesidad de la juventud. 'Más cantantes jóvenes, más público joven, acuerdos con colegios, institutos, acceso a nuevos públicos', pide, para no perder el carro de lo que se ha convertido en un clamor.

Dos casos polémicos

Los deseos de Berganza de abrir paso a los jóvenes tendrán que ir imponiéndose, porque no hay teatro que se precie que no fabrique sus propios ídolos. Lo malo es que los hechos con algunas nuevas figuras emergentes del canto latinas no acaban de coincidir con sus deseos. Cantantes como el argentino José Cura o el venezolano Aquiles Machado han sido protagonistas este año de dos casos desalentadores. Primero ocurrió el episodio de Cura, que acabó mal. El desplante del tenor argentino al público en la última representación de Il trovatore, de Verdi, reacción que se produjo tras una sonora pitada, le ha descolgado del cartel para la siguiente temporada. El tenor no cantará Pagliacci, de Leoncavallo, como estaba previsto. Los intentos de convertirle en figura mundial desde Madrid, donde se pretendía que estuviese presente cada temporada, se desvanecen por su desencuentro con el público.

Otro asunto es el de Aquiles Machado. El joven venezolano sí cuenta con el apoyo del público, pero no con el suficiente respaldo del teatro. Su episodio estético para el Rigoletto, de Verdi, que abrirá la próxima temporada, ha dado que hablar. Machado iba a interpretar al duque de Mantua junto al protagonista, el barítono Carlos Álvarez, pero el director de escena lo ha rechazado por su aspecto físico. Muchos temen que, si en el Real se da prioridad a ciertas cosas sobre las voces, el lugar se pueda llegar a convertir en una pasarela de modelos. Al tiempo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de julio de 2001