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LA CRÓNICA

En busca del horizonte perdido

'Donde hay mucho espacio hay mucho tiempo', escribe Thomas Mann en La montaña mágica. Con esta frase podría resumirse la exposición El enigma latente, que presenta la línea del horizonte como tema: 20 fotógrafos, aparentemente sin ninguna relación, muestran en la galería Berini, del Born, su idea sobre ese infinito generador de miedo y atracción.

La comisaria de El enigma latente, Mariona Fernández, escribe en el texto que presenta la exposición: 'La fotografía plasma momentos que ya no son, fragmentos fugaces recortados del transcurso del tiempo; vemos, pues, el fantasma de aquel momento, de aquella luz que ya pasó, que ya no existe. Es ella la que nos ha dado la idea del tiempo y nos ha permitido pautarlo. Y en muchas de estas fotografías puede verse claramente el fantasma del tiempo vagando a sus anchas, espiándonos silenciosamente, confundido con la luz'.

Una exposición reúne obras de 20 fotógrafos sobre la línea del horizonte, infinito generador de atracción

Toni Catany, Bernard Plossu, Humberto Rivas, Werner Hannappel, Alain Buttard, Salvador del Carril, Nicola Lorusso, Didier Morin, Boo Moon Kwon, Óscar Molina... Fotógrafos de reconocida fama se mezclan con otros que están empezando para formar parte de un proyecto común sin que ellos mismos fueran conscientes de ello, ya que las fotografías no fueron encargadas, sino que formaban parte de las colecciones de cada artista.

Desde un mar de hielo a un mar revuelto, horizontes que funden el cielo y el mar, horizontes que pierden el equilibrio, la placidez de unas marismas, el mar de arena en un desierto... 'Las imágenes de esta exposición son, ante todo, retratos de luz', cuenta Mariona Fernández. 'Aquí la luz se expande por el espacio y crea una cortina, un velo que aleja nuestra percepción de lo infinito y conduce nuestra mirada hasta el único límite posible: el horizonte', agrega la comisaria de la exposición.

Fiel a esta búsqueda del infinito, Mariona Fernández se lanzó en cuerpo y alma a la búsqueda de estas instantáneas que ella, en un principio, pensó que se parecerían, pero que han resultado ser muy diferentes. Mariona es la bibliotecaria del Centro de Arte Santa Mónica, aunque sabe un rato de fotografía ya que estuvo vinculada durante nueve años a la Primavera Fotográfica, trabajando de coordinadora. Por sus manos han pasado y pasan cientos o miles de libros, de catálogos de todo el mundo. Mariona se dio cuenta de que uno de los temas recurrentes de muchos fotógrafos era precisamente el horizonte. De ahí le vino la idea de reunir esas fotografías en una exposición. El paso siguiente era persuadir al artista (algunos se niegan a participar en exposiciones colectivas), otro paso era reunir las obras con el menor dispendio posible y la última -quizá la más complicada- encontrar a un galerista de visión arriesgada. Su tenacidad dio con todo.

Actualmente, la fotografía que se vende es la de gran formato, la espectacular. Pero esta comisaria está bastante lejos del concepto comercial y se enfrentó al misterioso horizonte sin que le viniera una pizca de vértigo. 'Ese tipo de exposiciones son para museos, pero yo no podía conseguir uno, así es que busqué una galería. En la Berini he encontrado a un galerista abierto y arriesgado, porque ese tipo de fotos no son comerciales y es difícil venderlas'.

Una vez confirmados la galería y los artistas, Mariona Fernández cogió el coche y se fue en busca de las obras: un periplo que la llevó a París, a varios rincones de Italia y hasta a un pueblo remoto cercano a la frontera suiza, y regresó a Barcelona cargada con prácticamente toda la obra de esta exposición, que puede verse hasta finales de julio.

Recorriendo la galería Berini encontramos las fotos de Werner Hannapel, esos puntos de hielo que reciben la luz del sol (¿o será de la luna?) y que flotan en el Ártico como diminutas islas. O los dos horizontes: el que marca el cielo y el mar y el de una nube en plena tormenta, obra de Bernard Plossu. Hay mares más tranquilos y otros, como el de Carlos Barrantes, que se retuercen y pierden el equilibrio, de ahí una fotografía oscilante. El horizonte de Humberto Rivas es el de unas marismas y el de Alain Buttard es como una alucinación en medio del desierto. Fréderic Bellay ha utilizado la técnica de larga exposición y en la línea del horizonte aparece una raya blanca que es el trayecto de un barco, mientras que el cielo se llena de pequeñas rayas del camino de las estrellas. Juan Rodríguez plasma el horizonte en la raya que marca la ola cuando muere en la playa. Formentera es una de las pocas fotografías en color: es de Toni Catany y refleja la transparencia del mar, un juego de azules con un trozo de roca que sobresale, como un punto que le une a la tierra. Al final de la galería encontramos la obra de Didier Morin. Parece otra fotografía, pero es un vídeo: media hora con la cámara fija delante del mar tras una puesta de sol.

El horizonte: vacío como posibilidad infinita. Nunca una raya ha dado tanto de sí.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 18 de julio de 2001