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COLUMNA

Celebraciones

Este jueves, los antiguos integrantes de la Tertulia del Hotel Inglés, que siempre fue más que una simple reunión de amigos y, desde luego, menos de lo que a algunos nos habría gustado que fuese: un verdadero lobby al servicio del diálogo roto entre las diferentes familias del valencianismo cultural y político, van a reunirse para celebrar, para comentar o para hablar, como ocurrió durante tantas veladas de jueves entre los años 1987 y 1996 de lo que nos une e interesa a los valencianos preocupados por el futuro de nuestra lengua, cultura y entidad política.

Será como un encuentro de antiguos combatientes que vienen a celebrar no las batallas donde perdieron la esperanza o la furia sino lo que modestamente y hechas todas las salvedades puede considerarse una victoria póstuma, la de haber acertado con mucha antelación, que la necesaria dirección de los acontecimientos conducía al consenso, al arreglo entre las partes enfrentadas, a la negociación y a la consecución de acuerdos serios y estables convertidos, como así ha ocurrido, en norma jurídica, en institución con competencia real propia y, por lo tanto, revestidos de la autoridad que ha de permitir su proyección en el futuro más inmediato.

Aquella dilatada nómina de personas ligadas al activismo cultural, cívico o político tenía una procedencia muy diversa: el nacionalismo político de concepción nacional catalana, el independentismo de nación valenciana, la democracia cristiana nacionalista, el valencianismo democrático revisionista del fusterismo, el centrismo liberal-democrático, el ratpenatismo militante de dilatada posguerra, el regionalismo tricolor políticamente adscrito, la socialdemocracia no nacionalista, el nacionalismo político valenciano de izquierdas, el valencianismo emergente de la tercera vía, personas ligadas a la universidad o a la enseñanza, jóvenes ensayistas, incipientes teóricos de nuestro nacionalismo, históricos de la resistencia cultural, incluso religiosos, hombres y mujeres, empresarios sin adscripción partidista, jóvenes valencianistas repartidos en obediencias contradictorias, políticos de éxito, que tenían cargo, lo habían tenido o lo iban a tener y, en fin, antiguos o entonces militantes de partidos como UCD, PNPV, PRD, UDPV, JV, UPV, ENV, PSPV-PSOE, PVN, JN, UV, CDS, NN GG, y PP, es decir, prácticamente todo el espectro político (a excepción de EU, aunque no sabría explicar por qué no hubo entre los contertulios gente de esa procedencia).

Una muestra lo suficientemente expresiva como para juzgar la experiencia como un simple desahogo urbanita sin rumbo.

Si además tenemos en cuenta que como invitados de las sesiones semanales pasaron por la tertulia todos aquello pesonajes cuya posición pública, influencia o cargo les colocaban en la posición de influir decididamente en los propósitos de concordia alumbrados en los viejos butacones de la sala de este céntrico hotel valenciano por un abigarrado conjunto de valencianos cuya preocupación, entonces y ahora está centrada en conseguir para nuestro pueblo las mejores cotas de poder político, para nuestra sociedad una verdadera conciencia de trabajo en común, y para la vieja cultura mediterránea que protagonizamos la energía pertinente para apoyar un futuro culto, libre y solidario.

Los tertulianos de entonces queremos felicitar a quienes han hecho posible la esperanza y celebrarlo con cuantos apostaron por el diálogo.

Vicent.Franch.@eresmas.net

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 4 de julio de 2001