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FÚTBOL

Suspendida la Copa América

La Confederación Suramericana aplaza el torneo y quiere que se juegue en 2002 en Colombia

No habrá Copa América este año. La Confederación Suramericana de Fútbol (CSF), reunida ayer en Buenos Aires, no quitó la sede a Colombia, debido a la violencia que no cesa en el país, ni trasladó el torneo a Brasil o Uruguay como se había especulado. Lo aplazó. 'Posiblemente se jugará en 2002', dijo el paraguayo Nicolás Leoz, presidente de la CSF, pese a las enormes dificultades que se plantean al haber Mundial el año próximo. 'No tenemos decidida la fecha, porque hay que estudiar los calendarios internacionales', añadió Leoz, quien mantuvo su duda ante una consulta sobre si la fecha de disputa podría ser antes o después del Mundial de Corea y Japón, que será en mayo y junio. No obstante, fuentes cercanas a la cúpula de la CSF indicaron que la fecha 'más indicada', según la opinión de los que asistieron a la reunión, sería 'entre enero y febrero próximos'. En cualquier caso, deberá celebrarse de acuerdo con el nuevo calendario armonizado de la FIFA que entrará precisamente en vigor en 2002.

La organización de la Copa América en Colombia fue descartada de plano ante una fuerte oposición de varias federaciones, mientras que el aplazamiento fue la propuesta que encontró más eco en la reunión y que finalmente se aprobó. El torneo más antiguo de selecciones del mundo debía disputarse entre los próximos días 11 y 29 de julio, pero el máximo organismo del fútbol regional de América del Sur decidió aplazarlo y no cambiarlo de país.

Solución salomónica

Según todos los indicios, tras la primera decisión de quitar a Colombia el torneo, los dirigentes de la CSF, ante la encendida defensa de su sede que hicieron en las dos últimas jornadas la Federación Colombiana y el mismo Gobierno del presidente Andrés Pastrana, no se atrevieron a quitarle el torneo y accedieron, en una solución salomónica, a aplazarlo, pese a la complicación de fechas que supone.

En la reunión estuvo presente el vicepresidente de la Federación Colombia de Fútbol (FCF) y coordinador de la organización del torneo, Hernán Mejía, recientemente secuestrado y luego liberado por la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). En todo momento, los dirigentes colombianos defendieron la celebración del torneo, porque la decepción y las consecuencias negativas para el país, en caso de quitárselo, hubiesen sido gravísimas. Pero en la decisión no sólo influyó ésto, sino también el complejo problema que se planteaba para organizar en apenas 10 días el torneo en otro país.

Álvaro Fina, presidente de la Federación colombiana, se manifestó 'satisfecho' por la decisión de la CSF y afirmó: 'Nadie tiene idea de lo malo que hubiera sido para mi país que nos quitaran la organización'. El dirigente añadió: 'Cuando decíamos que el cambio de sede hubiera sido dar un pasaporte a la violencia, no estábamos haciendo un discurso político, sino una defensa auténtica y legítima de un derecho al que no estábamos dispuestos a renunciar'. El propio presidente Pastrana llegó a decir hace días que quitar la Copa a Colombia 'sería el peor atentado para el país'. El mandatario añadió, en cambio, que celebrarla podría entenderse como una 'Copa para la paz'.

El presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), Julio Grondona, se manifestó 'conforme' con la decisión de la CSF y señaló: 'Ha sido una postura lógica el aplazamiento'. El dirigente argentino dijo en el Hotel Hilton, sede de la reunión del comité ejecutivo de la CSF: 'Todo el comité actuó con una sola idea', lo cual no coincide con una serie de versiones no desmentidas por otros dirigentes, según las cuales Argentina, Brasil y Uruguay se oponían a trasladar a sus selecciones a Colombia la semana próxima. La realidad es que nueve de las diez asociaciones que componen la CSF habían pedido el cambio de sede y que nadie tenía garantías ya de una Copa sin incidentes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 1 de julio de 2001