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GOLF | COLONIAL

Sergio García resucita en Tejas

El jugador de Castellón remonta cinco golpes y conquista su primer torneo americano

Fue una jornada excepcional la que permitió a Sergio García, un personaje excepcional en todos los sentidos, acabar con casi dos años de sequía prolongada y ganar de nuevo un torneo de golf. Ocurrió ayer, sucedió en Tejas y acaeció sencillamente porque Sergio García, que en enero cumplió 21 años, jugó muy bien al golf en el soleado campo del Colonial Country Club, en Forth Worth, hizo sólo 63 golpes (-7: siete birdies) y remontó la desventaja de cinco golpes en relación, nada menos, al zurdo californiano Phil Mickelson, el número dos del mundo. Pero con ser brillante la página escrita por García, más lo es si se tiene en cuenta que es la primera vez que gana un torneo en Estados Unidos.

La victoria es la mejor noticia que le podía llegar a un jugador aupado en el altar de los genios nada más pasar al profesionalismo, cuando sólo tenía 19 años. Los registros logrados por el jugador de Castellón en el campo tejano fueron extraordinarios ayer, sobre unos nueve primeros hoyos cerrados en 29 golpes (-6) que desestabilizaron fatalmente al líder Mickelson. El zurdo de la sonrisa de monaguillo había partido lanzado, con cuatro birdies en los siete primeros hoyos, suficiente para acabar arrollando. Pero cuando miró al marcador y vio que El Niño, en lugar de alejarse se acercaba (cinco birdies en los siete primeros hoyos), acabó sucumbiendo y entregado a la desesperación.

En los 11 últimos hoyos, Mickelson sólo fue capaz de hacer cuatro bogeys. El último, en el hoyo 17º, cuando García ya esperaba en la casa club con -13 y Mickelson estaba obligado a un birdie para, por lo menos, empatar el partido y forzar el desempate. Así que García ganó por dos golpes y celebró su primera y esperada victoria en suelo americano, el circuito que abrazó entusiasmado cuando pasó a profesional. Desde aquella primavera de 1999, y su paso por el Masters como mejor amateur, las cosas, sin embargo, no rodaron a la perfección para García, famoso por una espontaneidad que al principio hizo gracia y le hizo ganarse el cariño de todas las madres de Estados Unidos, y al final fue una carga de la que hubo de desembarazarse en su camino hacia la madurez.

Titulares negativos

Desde que en 1999 Sergio García ganara el Open de Irlanda y el Master de Alemania, todos los titulares generados por el jugador llegado, como Tiger Woods, para revolucionar el deporte mundial, habían sido de índole negativa. Los mismos que le encumbraron por la alegría juvenil, y el genio artístico, con el que fue capaz de desafiar a Tiger Woods en el Campeonato de la PGA aquel agosto (ya saben: aquel golpe con los ojos cerrados desde detrás de un árbol y el salto de tijereta con que rubricó el éxito de llegar al green de Medinah), no dudaron en recordarle poco después que aquello era precisamente lo único que había hecho en su vida y que, en el fondo, no era algo tan excepcional. Desde entonces, las noticias con carga negativa se amontonaron en el álbum de recortes del golfista que empezó llamándose El Niño.

Mientras no ganó, a Sergio García se le recordó cómo había tirado un zapato contra un cartel publicitario, rabioso, simplemente porque se había resbalado al dar un golpe; también se habló mucho de su enfrentamiento con un empresario en un Pro Am en Jerez; sus cambios de caddie, y su ruptura con la sueca Fanny Sunneson, también fueron noticia, y también su discusión con un árbitro en Australia, por lo que el circuito europeo le ha multado hace nada con 17.000 dólares (más de tres millones de pesetas) y una amonestación pública, y cómo rompió con su anterior mánager, José Marquina, y cómo pasó a formar parte de la multinacional de la representación deportiva IMG.

Ningún titular sobre unos éxitos que no llegaban. Agobiado tras fallar el corte en el Masters, el primer grande de la temporada, Sergio García llegó hasta implorar públicamente, en Valencia, que se dejara a su padre, Víctor, que también es su entrenador, tranquilo. Su padre decidió no estar tanto tiempo con su hijo y se fue a Estados Unidos a probar fortuna en el circuito senior. El hijo volvió a jugar. Y empezó a hacerlo mejor. Hace una semana, García terminó octavo en el Byron Nelson, haciendo una ronda de 64 golpes el sábado. Ayer derrotó a todo un Phil Mickelson. Dentro de cuatro semanas se juega en Tulsa (Oklahoma) el Open de Estados Unidos, el segundo grande del año. Tiger Woods, el mejor, va en racha ganadora; Sergio García, su rival designado hace un par de años, ha resucitado. ¿Qué no podrá pasar?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de mayo de 2001