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Juan Carlos Cazalla busca la abstracción con sus 'naturalezas intervenidas'

El fotógrafo presenta una exposición de su obra en una galería de Sevilla

La única presencia humana en las 16 fotografías que Juan Carlos Cazalla ha colgado en la galería Isabel Ignacio es una sombra. Un papel ardiendo, que casualmente ha tomado la forma de un corazón, aparece en el centro de la sombra del fotógrafo. Es su autorretrato.

Personas, objetos y arquitecturas, habituales protagonistas de sus fotografías de prensa, desaparecen en 20 áreas para dar paso al silencio y la poesía. Sus obras, en bromuro de plata virado al selenio, tienen 56 por 37 centímetros, y de cada una se realiza una tirada de cinco copias.

'Todo surgió en los paseos por la sierra de Huelva, entre Jabugo y Castaño del Robledo, cuando salgo a buscar setas. Mirando al suelo te das cuenta de la riqueza de formas y texturas, así que comencé a hacer fotos en 1997 y casi todas están tomadas desde esa perspectiva, de arriba hacia abajo', comenta Juan Carlos Cazalla.

20 áreas, es decir 2.000 metros cuadrados, es el nombre de su pequeña finca en Jabugo y dentro de sus límites están tomadas la mayoría de las instantáneas. Las excepciones son tres obras realizadas en Asturias, entre ellas La fuente de las Letras, y otra realizada en el norte de Portugal en la que la sombra de un árbol sobre una roca proyecta la letra A. Cazalla ya había expuesto antes en dos colectivas en 1995 y 1996; pero el tema, aunque no era periodístico, seguía siendo el reportaje. 'Sentía la necesidad de expresarme de una forma totalmente distinta, con un lenguaje abstracto', asegura.

La capa de hielo que se formó sobre un barreño de agua es el motivo central del tríptico que presenta en la muestra, que estará abierta hasta el 15 de junio. El círculo vertebrado, una de sus 'naturalezas intervenidas', presenta las vértebras de una vaca sobre el tablero ajado de una mesa camilla que alguién ha abandonado en medio del campo. En otros casos, Cazalla se limita a ser testigo de lo que le ofrece la naturaleza y congela momentos como el peinado a modo de remolino que el viento le hace a los cereales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 9 de mayo de 2001