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Entrevista:JUAN IGNACIO VIDARTE | DIRECTOR GENERAL DEL GUGGENHEIM BILBAO

'Lo de Deusto y los jesuitas no se supera'

Tiene 45 años, dos hijas y un currículo

de Joven -'no tanto'- Aunque Sobradamente Preparado. Procede del área de la política fiscal, y es amable y cordial, aunque le falta un punto de relajo. Va en piragua por falta de medios para tener un velero. Se acusa de ser demasiado analítico y exigente con los demás. Dicen que sus corbatas no pasan inadvertidas.Pregunta. Cuando escriben de usted: 'Tiene unos ojos a los que se asoma toda la paleta cromática de la ría de Gernika', ¿llama a los bomberos, al Samur o a su amatxo?

Respuesta. Lo primero llamo a mi mujer [ríe]. Y me dice que es una exageración.

P. ¿El Guggenheim es algo más que un museo, como el Barça algo más que un club?

R. Aspira a ser elemento de vertebración social, motor de regeneración económica y una tarjeta de presentación en el exterior.

P. El Tribunal de Cuentas vasco le ha tirado de las orejas. ¿Le tienen manía?

R. No creo [ríe]. Creo que hay un error en la interpretación que hace del proceso de constitución del museo, porque aplica unos criterios que no son los que la legislación establece.

P. ¿Llega a superarse el estudiar con los Hermanos Cristianos en Irlanda?

R. [Ríe] Bueno, yo fui un elemento bastante extraño en aquel colegio, porque sólo tenía 12 años, y procedía de una educación de jesuitas de Bilbao. Eso me daba una posición de cierto predominio.

P. Porque ser jesuita es más que ser hermano cristiano.

R. Sí.

P. ¿Y lo de Deusto llega a superarse?

R. Lo de Deusto y los jesuitas en general supongo que no llega a superarse. Creo que imprime carácter, para lo bueno y para lo malo.

P. Tenía todas las cartas para haber sido un niño pijo. ¿Cree que se libró?

R. Gracias por la presunción de inocencia [risas].Creo que me faltan bastantes cartas para ser niño pijo. Y lo que me libra es la voluntad de no serlo.

P. ¿Qué tengo que hacer para que me cierre el museo y lo vea yo solita, como Brad Pitt?

R. El museo se cierra al público los lunes, pero hay visitas. Cuando estuvo Brad Pitt, lo requería su propia popularidad.

P. Dicen que, al principio, le pusieron a negociar con Nueva York sólo porque sabía inglés.

R. [Risas] Hubiera sido una mala elección. Espero que ésa no fuera la última variable.

P. ¿Se ha llenado la casa de cuadros?

R. Tengo algunos, pero no muchos, porque no tengo un patrimonio de coleccionista. Y no de los artistas que se pueden exponer en este museo, claro.

P. Pasa por ser un tipo comedido. ¿Nada y guarda la ropa?

R. Soy una persona pragmática: creo que hay que poner por encima de otras cosas los objetivos de futuro, y no perderse en las batallas del día a día.

P. ¿Tiene buenas relaciones con todo el arco político del museo?

R. Afortunadamente, sí.

P. ¿Qué le da a la senadora del PP Pilar Aresti, que dice adorarle?

R. Sobre todo, qué nos da Pilar Aresti a nosotros. Es importante para el museo, presidenta del Comité Asesor de Amigos. Una persona de las que, por desgracia, no abundan, con una visión bastante cosmopolita.

P. Y por decir esto, ¿no le deja sin postre su familia peneuvista?

R. No. Las personas del PNV que trabajan aquí han tenido siempre una actitud de absoluta elegancia conmigo y con todo el arco político aquí representado. Creo que una de las causas del éxito del museo es que nadie lo ha intentado patrimonializar.

P. Usted sólo pierde la compostura en temas del Athletic.

R. Eso es verdad. Pero sólo en el campo. Fuera, me sereno.

P. ¿Qué le pasará al Guggenheim Bilbao si las elecciones del día 13 cambian la tortilla?

R. Yo espero que nada. Ni al Partido Popular ni al socialista les he oído plantear muchas diferencias de criterio en cuanto a lo que el museo debiera ser.

P. ¿Y a usted?

R. Pues dependerá de lo que le pase al museo. No creo que sean cuestiones personales, sino de criterio de gestión.

P. ¿Con qué políticos haría un ochote?

R. Tendría que ver cómo cantan. No les he oído.

P. ¿Daría a Arzalluz la voz cantante?

R. No sería una mala opción.

P. Aunque está el patio para pocos cánticos.

R. Pues sí, por desgracia. Pero espero que esto cambie, porque creo que se está trasladando a la sociedad una división que no existe en su seno, y que podría acabar existiendo si se insiste.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 29 de abril de 2001