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COLUMNA

El Liceo

Todo el mundo conoce alguna asociación actual de mujeres muy modernas compuesta exclusivamente por mujeres. ¿Por qué, sin embargo, un club formado exclusivamente por hombres sería un ataque a la igualdad y deberían franquearse sus salones, abatirse sus reglamentos, armar la marimorena contra la discriminación? Cuando ahora las mujeres han querido reunirse en agrupaciones muy suyas, compuestas por universitarias y damas de relieve, a nadie se le ha ocurrido levantar la voz. Al contrario, ha parecido algo propio de los tiempos. ¿Por qué, en cambio, no se ha dejado en paz a esos respetables señores del Liceo, conservadores o no, que deseaban mantener sus tertulias masculinas? Por todas partes cunden clubes de homosexuales, de gays o de lesbianas, ¿por qué no habrían de existir también casinos de hombres, de mujeres o de bisexuales, mezclados o sin mezclar?

A lo mejor, la patrulla que capitaneaba Montserrat Caballé y sus nueve mosqueteras cree haber ganado una batalla en la dirección del progreso. A lo mejor, se consideran heroínas de una pugna cuyo planteamiento lleva, más o menos, un retraso de cien años y de la que, de paso, han saltado yescas de histerismo e indignidad. Efectivamente, pese a haber sido rechazadas en votaciones sucesivas y de ser repetidamente desdeñadas, las diez damas 'caballescas' obtendrán sitio entre los anhelados asientos de los caballeros. ¿Les compensa, a estas alturas, esa humillación? ¿Por qué, si es que tanto les interesaba un club mixto, operístico o musical, no fundaron uno?

Aunque también, de otro lado, ¿cómo calificar la concesión final de la masculina directiva? ¿Cómo comprender que esos caballeros, removiendo mayorías y estatutos, hayan llegado a consentir? ¿Galantería? Miedo, más bien. Efectivamente, ese club era un club antiguo pero ahora se ve que desvencijado. De haberse encontrado mejor afirmado en la época es improbable que hubiera obedecido al chantaje. Ciertamente, sólo mujeres de la naturaleza de la Montserrat y sus amigas podrían haberse adentrado en una acción tan vetusta y teatral dentro del feminismo, pero quizá sólo unos señores tan Liceo podrían haber cooperado mejor en esta curiosa ópera bufa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de abril de 2001