Reportaje:

Empezar por el tejado

Una asociación que ayuda a personas sin hogar busca pueblos que cedan casas para dar cobijo a los necesitados

No tener un techo propio suele ser, para quienes viven en situación extrema, la última gota que colma un vaso lleno de problemas. El círculo vicioso es tan perverso que quienes salen de él se maravillan de los que arriesgaron su tiempo y su dinero para echarles una mano. Éste fue el caso de la pareja de ecuatorianos formada por Alexandra y Segundo, cuya vida en Almería, con su hija de 15 meses, ha conseguido la estabilidad anhelada gracias a la asociación Confraternidad de los Muchachos.

Cuando Segundo llegó a España, en abril de 1999 sin papeles, sin ropa, sin trabajo y sin techo, una llamada a esta organización pudo cambiar un sino abocado a la mendicidad. Aquellos primeros meses Segundo vivió en un piso tutelado por la asociación. 'Nosotros mismos pagamos ya el alquiler porque mi marido consiguió un trabajo y pudo arreglar los papeles. Fue entonces cuando yo también me vine del Ecuador para que así pudiera conocer a nuestra hija', explica Alexandra.

El caso de esta pareja es uno de tantos que Confraternización de los Muchachos ha logrado llevar a buen puerto con el altruismo por bandera y el sacrificio de su fundadora, Encarna Rodríguez. Desde 1996, esta asociación ayuda a personas sin hogar a través de viviendas cedidas. Rodríguez reconoce que ha 'funcionado más con el corazón con la cabeza' y que la cesión de su patrimonio a la asociación le ha situado en una situación complicada.

La asociación cuenta con dos pisos en la capital almeriense que albergan a unas 20 personas. Sin embargo, las deudas urgentes acumuladas han motivado la hipoteca y venta de los inmuebles, que deberá abandonar los próximos meses.

Mientras vive la angustia de las facturas en la capital almeriense, un pequeño municipio de la provincia, Santa Fe de Mondújar, les ha dado pruebas de solidaridad con la cesión de unos terrenos y una casa cueva con dos habitaciones. 'Es el primer pueblo que ha dado el paso de ayudarnos. Buscamos lugares que quieran cedernos para practicar la agricultura, la ganadería o cualquier otro campo de trabajo. De lo que se trata es de ayudar a las personas que quieran salir de este círculo vicioso', explica Rodríguez.

El objetivo de la asociación pasa por fundar una comunidad de personas sin hogar integrada por un equipo técnico formado por un psicólogo, un médico y ATS, un contable, un abogado y un párroco. 'La comunidad generaría sus propios fondos de manera que, al ser llevada con cabeza, vaya a más. Por eso ahora necesitamos salir a toda costa del endeudamiento y contar con nuevos inmuebles para iniciar el proyecto', justifica su fundadora.

La asociación ha dado cobijo, entre otros muchos casos, a mujeres con hijos, a ancianos encontrados en la calle o a alguna ama de casa desahuciada de su hogar por deudas de juego del marido.

Cuenta, además, con un concierto entre un cámping y una pensión en Almería para casos extremos en los que se ven apurados de espacio físico para desempeñar su labor. Empresas hortícolas, panificadoras de la capital o el banco de alimentos existente en Aguadulce ayudan a diario a la organización a salir adelante en las necesidades más básicas. Si la asociación supera el bache que atraviesa con acreedores y facturas pendientes, Encarna Rodríguez continuará con su sueño de niña: descubrir el 'inmenso afecto' de las personas ayudadas en una situación difícil. 'Mi vida', relata con modestia, 'ha estado llena de actos repetitivos de ayuda'.

Encarna Rodríguez, a la derecha, con una inmigrante ecuatoriana y su hija.
Encarna Rodríguez, a la derecha, con una inmigrante ecuatoriana y su hija.FRANCISCO BONILLA

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 23 de marzo de 2001.

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