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Crítica:FERIA DE LA MAGDALENA | LA LIDIA
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

Puro trámite

Si sería de puro trámite, que la primera corrida de La Magdalena sólo duró una hora y 50 minutos. Es decir, poco más de hora y media, como aquellas de antaño, pero en estos tiempos eso no se lleva, sino festejos plúmbeos de hasta tres horas llenos de derechazos y tedio. No es que no los hubiera en la que abre ciclo, pero todo fue ligerito y rápido. También influyó que el que cerraba plaza se partió el cuerno por la cepa al iniciar el tercio de banderillas y Vicente Barrera alivió, cuadró y mató, sin más.

Fue precisamente Barrera el único que dio una vuelta al ruedo en su primero. Un torete repetidor, encastado, que apretó en el caballo y al que recetó una aseada faena de muleta. Barrera estuvo decidido y lució por estatuarios, con la diestra estuvo con los pies quietos y ligó sin dar más pasos que los justos en un par de tandas. Al natural no se terminó de acoplar y perdió la pelea con el más entero de los animales que saltaron al albero. Al quedarse sin enemigo en el sexto no se despeja la incógnita de si Barrera, tras cortar su temporada el año pasado, cogerá sitio y nuevos vuelos.

Jesulín de Ubrique no se confió un pelo con el inválido que abrió plaza y sólo cumplió con el trámite. En su segundo no estuvo más dispuesto y le aplicó un trasteo a pleno pico y con menos fundamento que la gastronomía de un burguer. A todo esto, además, cada muletazo fue un respingo ante un jandilla con demasiado fuelle para el rey del comadreo hispano. El espigado matador gaditano escuchó un aviso y unas palmitas en honor a sus faenas fuera del ruedo.

Manuel Caballero parece mentira que sea el torero que triunfó en esta plaza en 1998 y 1999 con los victorinos Portero y Galo, que a la postre le hicieron triunfador de estas ferias. Tuvo un novillote encastado que le ganó en todos los terrenos y al que sólo pudo dar un par de naturales. Pechó después con un zambombo en el que lo mejor lo hizo el torero de plata José Antonio Carretero al clavar dos pares de garapullos con seguridad, reunido y con torería. Toda la que le faltó al de Albacete.

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