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Sevilla aportó más de la tercera parte del vecindario malagueño tras la conquista de la ciudad en 1487

Un libro de Ruiz Povedano cuenta la repoblación cristiana ordenada por los Reyes Católicos

Ruiz Povedano parte de lo que califica 'humillante rendición de Málaga, después de un largo asedio de 103 días', para explicar las consecuencias y el trato deshonroso que sufrió la población musulmana: esclavitud, expolio de sus bienes, deportación, dispersión y diáspora. 'Eran entre doce y catorce mil personas de los que prácticamente no quedó nadie en la ciudad', afirma el autor de Málaga, de musulmana a cristiana, publicado por la editorial Ágora. Povedano piensa que 'la toma de Málaga fue el más violento episodio militar de la guerra de Granada y uno de los que alcanzó mayor notoriedad y eco internacional en la época'. En su opinión, 'cambió el rumbo y aceleró el final del conflicto bélico granadino'.

Hubo un curioso intercambio de población. Muchos de los musulmanes deportados fueron enviados a Sevilla, y el resto a tres localidades: Carmona, Córdoba y Jerez. Los Reyes Católicos, para resarcirse de los gastos de la campaña militar, pidieron un rescate en dinero, para darle la libertad a los musulmanes: 'Eran 30 doblas, equivalentes a 13.500 maravedíes, pero fueron incapaces de reunir esa suma. Por el contrario, los 450 judíos de Málaga en el momento de la conquista, que fueron deportados a Carmona, sí consiguieron el rescate', afirma Povedano.

Para la repoblación ordenada inmediatamente por los reyes, la casi totalidad de los colonos llegaron de ciudades, villas y lugares de la Corona de Castilla. En este libro se llega a establecer la procedencia de 1.520 familias castellanas, de las que 589 acuden del Reino de Sevilla, 270 de Córdoba, 225 de León, 165 de Toledo y 125 de Jaén. Esta operación no coincide con la tendencia observada en los restantes lugares de la repoblación granadina, donde 'las dos terceras partes de los colonos andaluces procedían de los reinos de Jaén y Córdoba'.

De los sevillanos que se convierten en los primeros pobladores de la Málaga cristiana, la mayor parte vienen de la propia ciudad de Sevilla (113 familias) y 86, de Écija. El resto proceden del territorio que hoy compone las provincias de Sevilla, Cádiz y Huelva. Además de los castellanos, también aparecen en el libro reseñada la procedencia de 57 familias de la Corona de Aragón, 49 de reinos y países europeos y 12 sin localizar. El historiador establece también una división por categorías sociales u oficios: 'Un 5% son nobles, el 26% de la milicia; el 21%, artesanos; un 20% son campesinos, el 14%, tratantes o mercaderes, y el 2,5% profesionales liberales.

Estos cristianos vienen a sustituir a unos pobladores musulmanes que además del negocio portuario 'vivían de una agricultura especulativa, dedicada a la exportación; uvas pasas, almendras, y los famosos higos secos de rayya', añade el autor. También la seda de Málaga era muy apreciada y había una alcaicería muy importante.

El recinto amurallado musulmán constituía una de las ciudades puerto más importantes del Mediterráneo, en el que hacían escala los barcos que venían de Italia camino del norte de África, Flandes o las Islas Británicas. 'La ciudad coincidía básicamente con lo que hoy es el centro histórico; además había dos arrabales rodeados de su propia muralla, con sus baños, alhóndiga y mezquita, en lo que hoy es el barrio de La Trinidad'. Las casas eran de planta baja, con patio, cocina y una pequeña dependencia y una cámara alta para el descanso. 'Muchas de estas casas tenían zonas verdes, corrales, patios con árboles...'

Con el cambio de régimen también se produce una revolución en el diseño urbano. El arquitecto Salvador Moreno Peralta, que presentó ayer el libro, destacó las innovaciones cristianas: 'Aperturas viarias, ensanches y variadas formas de representación simbólica del poder civil o religioso; puertas, murallas y fachadas palaciegas'. 'Hay al principio un enorme celo por acabar con la huella musulmana, pero se mantienen la muralla, los torres y los servicios públicos; alcantarillado, abastecimiento de aguas y saneamiento', afirma Povedano. Aunque la población es similar en número, la ciudad se queda pequeña y empiezan los asentamientos más allá del río Guadalmedina. La Corona promueve dos grandes operaciones: la construcción de Calle Nueva, que conecta el centro con el puerto, y la Plaza del Mercado, en la que después hubo un convento mercedario y tomó el nombre de La Merced. 'De la Málaga musulmana queda un 60% hoy día, pero es la gran desconocida en la ciudad', afirma José María Ruiz Povedano.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de marzo de 2001