LA CRÓNICA
Columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

¿Cataluña? Tranqui, tranqui

'¿Cataluña? ¿Qué es eso? Cómo nos ven desde fuera'. Éste era el enunciado del debate celebrado hace unos días en la FNAC del Triangle de Barcelona. Para responder a la pregunta estaban en la mesa, moderados por la eficaz Elisenda Roca, tres escritores en teoría extranjeros que viven y publican aquí desde hace bastantes años. Escribo 'en teoría', porque en la práctica demostraron estar perfectamente integrados en la compleja sociedad catalana, aparte de que es de sobras conocido el dicho pujoliano que establece que 'es catalán todo aquel que vive y trabaja en Cataluña', al que convendría añadir 'tenga o no papeles'. El residente más antiguo era el palestino Salah Jamal, que hace 30 años vino a estudiar Medicina a Barcelona y decidió quedarse porque le encantó la ciudad. Jamal es autor del muy recomendable Aroma árabe, libro premiado en París que mezcla recetas orientales con cuentos y anécdotas biográficas. El segundo era el inglés Matthew Tree, que en 1979 se enamoró de la lengua catalana y no paró hasta que consiguió vivir aquí y convertirse en un original espécimen de 'catalán con aspecto inequívocamente inglés'. Tree acaba de publicar Cat. Un anglès viatja per Catalunya per veure si existeix y lo vende como rosquillas. El tercer escritor, con 15 años de antigüedad en Barcelona, era el norteamericano Nicholas Shrady. Fue él, autor del libro de viajes Caminos sagrados, quien, ya en los primeros momentos del debate, recetó un poco de tila a los catalanes. 'No entiendo esta obsesión que tienen los catalanes y los españoles por saber qué opinan los demás de ellos', dijo. 'Creo que ha llegado el momento de decir: 'Tranqui, tranqui. Todos tenemos una muy buena impresión de Cataluña y no hay que darle más vueltas'.

Cataluña vista por el palestino Salah Jamal, el inglés Matthew Tree y el norteamericano Nicholas Shrady

Vale: tranqui, tranqui. De acuerdo, pero si no se le daba más vueltas al tema, el debate se terminaba y todos a casa. Y no se trataba de eso. Salah Jamal, que recordó la teoría de que Cataluña es un topónimo de origen árabe, dijo que pronto publicará un libro en el que explicará en qué consiste eso tan complicado de ser catalán. En él se revelarán cosas en principio tan incomprensibles para un foráneo como por qué el Barça es más que un club y por qué se lanzan cohetes y se encienden hogueras en la noche de Sant Joan. En resumen, que el libro, que se publicará en árabe, vendrá a ser algo así como 'todo lo que usted quería saber sobre Cataluña y no se atrevía a preguntar'. Muy oportuno. Jamal explicó de un modo muy claro las contradicciones que experimenta. 'Yo leo el Corán y me gusta el jamón con pan con tomate', dijo. 'Alá no sabrá qué hacer conmigo porque lo del Corán y el cerdo no casan demasiado. Cuando me preguntan de dónde soy no sé qué responder y acabó diciendo: nací en Palestina y vivo en Barcelona'.

El tema de los sin papeles no tardó en aflorar al debate. 'Yo he viajado por muchos países y elegí vivir en Barcelona porque me gustaba la ciudad', explicó Shrady. 'Los inmigrantes encerrados en la iglesia del Pi no lo han tenido tan fácil'. Jamal expresó su convencimiento de que 'la xenofobia se debe a la ignorancia'. 'Aquí se habla mucho de los árabes o los musulmanes que no quieren integrarse', añadió, 'pero nadie dice nada de los japoneses o los norteamericanos que no se integran y viven en guetos. Parece que reina la opinión de que la cultura del débil debe someterse a la del poderoso, y no es eso'. Tree se mostró de acuerdo con esta visión. 'Hay muchos extranjeros con trabajos privilegiados que tienen una hostilidad manifiesta contra el catalán y no se les critica', dijo. Su explicación sobre este punto es la siguiente: 'Algunos extranjeros del norte de Europa se instalan en Cataluña esperando encontrar un país del sur, primitivo, que han creado en su imaginación. Al descubrir que no es como lo habían imaginado y sí una sociedad complicada y bilingüe, optan por una actitud hostil'.

Jamal se aventuró a efectuar un diagnóstico de la Cataluña actual 'A la sociedad le falta fuerza interior', dijo. 'Está desanimada, va sin rumbo. Tras la muerte de Franco tuvo su momento, pero la gran burguesía prefirió defender sus intereses económicos a los de la nación catalana'. Tree se mostró de acuerdo. 'La burguesía catalana ha creado una especie de realidad virtual en la que la Generalitat es importante, cuando lo cierto es que no tiene más poder que un land alemán', aseguró. 'La gente parece creer que lo tiene todo, cuando en realidad todo es bastante frágil'.

Tanto Jamal como Tree coincidieron en que 'si Cataluña no dispone de un Estado propio, quedará absorbida por España'. Shrady discrepó. 'No creo que Cataluña vaya a disponer nunca de un Estado', dijo, 'y no creo que sea bueno obsesionarse con ello. Muchos pueblos del mundo quisieran llevar una vida libre y en paz como la que hay en Cataluña, que ya es mucho. Mientras haya respeto por la cultura catalana y vivamos en un Estado de derecho, doy gracias por poder vivir en esta sociedad libre que me ha acogido'.

Lo que más afecta es lo que sucede más cerca. Para no perderte nada, suscríbete.
Suscríbete

En Caminos sagrados (Muchnik), Shrady explica los peregrinajes que ha realizado a Bosnia, la India, Santiago, Tierra Santa y a Konya (Turquía). Montserrat, de momento, no aparece en el índice. 'Más que de Cataluña, hablo de Barcelona, la ciudad donde vivo', dice. 'Cuando llegué, hace 15 años, era una ciudad un poco perdida, gris y triste. No había ningún proyecto de Juegos Olímpicos. Creo que en los últimos años Barcelona ha ganado como ciudad, pero ha perdido humanidad. De todos modos, sigue siendo una ciudad excelente donde vivir'.

Regístrate gratis para seguir leyendo

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS