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Crónica:23ª jornada de Liga | FÚTBOL

Ceballos ayuda a un gran Madrid

Un fallo descomunal del portero del Racing premia el excelente juego del equipo madridista

El Madrid se dio a los lujos frente al Racing, sin reparar en la corta ventaja que había cobrado. Está tan fino de juego que parece dispuesto a entregar a su afición cada peseta de la entrada. Entre la gente y el equipo hay una sintonía como no se ha visto en más de una década, un estado de felicidad que el Madrid cultivó ayer hasta las últimas consecuencias, casi hasta el exceso. Porque muy a última hora, Espina y Julio Álvarez pudieron empatar uno de los partidos más desequilibrados de la temporada. Espléndido partido del Madrid, que encontró para su merecida victoria la colaboración del portero Ceballos, autor de un error descomunal.

Nada de lo que hizo el Madrid fue diferente a sus mejores partidos. Y hasta mejoró en el capítulo defensivo, si por tal se entiende la capacidad para impedir las oportunidades del adversario y recuperar el balón con rapidez. El Madrid jugó con precisión y velocidad, con una presencia escandalosa en el campo del Racing y con la sensación de que el gol asomaba en cualquier jugada. Pero no basta con asomarse. Antes de que Ceballos acudiera en su ayuda, al Madrid le faltó contundencia, cualidad que le sobra este año. Es el equipo que más goles ha marcado en la Liga y todos le temen. En esta ocasión, el Madrid no estuvo a la altura de lo que acostumbra en el capítulo rematador. No le faltaron varios tiros peligrosos, insuficientes en cualquier caso para traducir en el marcador lo que era evidente en el juego: su tremenda autoridad sobre el Racing, que aguantó durante un buen rato el chaparrón y confió en el típico contragolpe que siempre te procura cualquier partido, incluso el más desnivelado de todos. Éste fue uno de ellos.

El Madrid penó en la primera parte por la falta de un delantero centro al uso. Guti, que ha contribuido esta temporada con un buen número de goles decisivos, está fuera de su elemento cuando es la primera referencia en el área. Probablemente más en un partido de estas características, donde el Racing se acantonó en su campo. En estas circunstancias, un ariete convencional sirve de gran ayuda: para el remate, para los rebotes, para buscarse la vida entre la multitud. El Madrid no lo tuvo y lo pagó con un partido laborioso que le arregló Ceballos.

Las sospechas sobre el portero venían del primer tiempo, de una jugada que provocó el asombro. Ceballos recogió una cesión, con todas las bendiciones para despejar, pero el hombre se puso fino y le dio por regatear a Raúl, que se olió la tostada y le presionó. Ceballos superó con apuros a Raúl y volvió a tomar una decision equivocada. En lugar de despejar el balón fuera del campo, golpeó con la izquierda, hacia Figo, que se encontró con la portería abierta, pero no embocó la vaselina.

El segundo error fue colosal. Después de un rechace, la pelota cayó llovida, sin problemas. Claro que Raúl debe saber de las extravagancias de Ceballos. Así que acudió a la jugada para ver si sacaba algo. Y lo sacó. A Ceballos le dio un ataque de nervios: no embolsó el balón y lo dejó muerto a un metro de la raya de gol.

Con la única contrariedad de la pequeña diferencia obtenida, en relación a sus indiscutibles méritos, el Madrid continuó su excelente actuación en el segundo tiempo. Roberto Carlos mezcló exuberancia y fantasía; Helguera patrulló en el medio campo como un general; Figo estuvo en plan ganador de principio a fin; Makelele trabajó defensivamente con inteligencia. Y bueno, Raúl, protagonista del encuentro en todos los conceptos. Por juego, entusiasmo y astucia. Ceballos puede dar fe de ello en las dos acciones más comentadas en el Bernabéu, donde el Madrid terminó dándose a los lujos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de febrero de 2001