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Crítica:22ª jornada de Liga | FÚTBOL

Palermo muestra sus credenciales

El Villarreal destroza al Oviedo y el argentino se estrena como goleador en España

El partido que se presentaba con Collymore y Martín Palermo en cabeza de cartel fue un monólogo del argentino y, por extensión, de su equipo, el Villarreal, que le dio un baño al Oviedo en el estreno goleador de Palermo. El submarino amarillo vivió una tarde esplendorosa en el escenario más improbable. Se sobrepuso a un gol de penalti discutible, seguido de expulsión, reventó al Oviedo, dejó a Collymore inédito y consagró a Palermo en España como un ariete de muchos recursos. El otro hombre del partido fue Víctor, al que la parroquia ovetense le despidió con aplausos.

Al Villarreal le cambió el semblante en un minuto, el último antes del descanso, cuando se jugaba la propina de un primer tiempo que los levantinos dominaron con un fútbol sugerente y cierta vitola de equipo grande en su falta de complejos para mirar hacia el marco rival. Justo antes del descanso, cuando Palermo acababa de amenazar con un gran cabezazo, el árbitro vio mano en un control de Javi Gracia en su área pequeña. No había apenas peligro en la jugada, sólo la proximidad del balón a la línea de meta. Gracia mató la pelota para una cómoda intervención de su portero y se encontró con el árbitro señalando penalti.

El castigo lo transformó Tomic, luego de que las protestas de Gracia le llevaran a ver la segunda amonestación. Fue cosa de romper Tomic la mala racha ovetense desde el punto de penalti y llegar el descanso, con un agrio balance para el Villarreal. Había superado al Oviedo en todo y se despedía del primer tiempo con una montaña por escalar.

El Oviedo pretendió vivir la segunda parte emboscado, en espera de dictar sentencia con algún zarpazo a la contra. Pero lo que vio fue cómo el Villarreal le pasaba por encima con un repertorio incontestable. Antic quiso encender la pasión del estadio con la comparecencia de Collymore, pero el inglés, como ya le ocurriera en su estreno de hace siete días en Las Palmas, no hizo más que ejercer de gafe. En sus barbas se jugó la suerte de un córner, que Quique Álvarez desvió hacia Palermo, para que el argentino acreditara de nuevo su astucia de escopetero cazando al vuelo un zurdazo inapelable. El resto fue un paseo triunfal para los castellonenses: marcaron otros dos goles y obligaron a Esteban a maquillar el desastre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de febrero de 2001