Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Necrológica:NECROLÓGICAS

En memoria de Armando Durán

El pasado 13 de enero falleció Armando Durán Miranda, que fue catedrático de óptica de la Universidad Complutense de Madrid y jugó en su momento un importante papel para promocionar la investigación española en física experimental de altas energías.

Armando Durán nació en Lugo en junio de 1913. Se licenció en Ciencias en la Universidad Complutense (en el antiguo caserón de San Bernardo) y muy joven comenzó a colaborar con el profesor Julio Palacios como ayudante. Terminada la guerra civil, el estado de la ciencia en España era deplorable. Armando Durán, en la decáda de los cuarenta, accedió a la cátedra de óptica de la Universidad Complutense (que había sido ocupada anteriormente por el profesor Martinez Risco, que tuvo que exiliarse por sus convicciones republicanas).

Desde la cátedra participó en la creación del Insituto de Óptica Daza de Valdés del CSIC. Junto con el doctor Otero Navascués, fue codescubridor de la miopía nocturna, siendo sus trabajos sobre este tema muy citados. En las décadas de los sesenta y setenta Durán participó activamente en la política científica de la época y fue director general de Enseñanza. Posteriormente fue director del Instituto de Estudios Nucleares de la antigua JEN (Junta de Energía Nuclear, hoy CIEMAT). Jugó un papel importante en la financiación del GIFT (Grupo Interuniversitario de Física Teórica) y en el apoyo y financiación de los grupos españoles de física de altas energías. Gracias a su ayuda estos grupos pudieron sobrevivir en una época difícil en la que España se había desvinculado del CERN (Centre Europeén de la Recherche Nucleaire), hasta que en 1982 nuestro país volvió a ser miembro de este organismo.

Desde su jubilación, en 1983, se había dedicado a la elaboración y promoción del Vocabulario Técnico y Científico, editado periódicamente por la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, y a la organización de otras actividades académicas. Es justo recordarle no sólo por sus logros profesionales, sino por su talante conciliador, su hidalguía y disponibilidad para ayudar a sus colegas, virtudes no siempre presentes en la vida académica. Descanse en paz.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 16 de enero de 2001