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Una historiadora reconstruye la reinvención de la iglesia del monasterio de Santa Maria de Ripoll

Nuevos planos y fotografías documentan la historia reciente del monumento histórico

La iglesia del monasterio de Santa Maria de Ripoll no es románica. Esto es algo sabido y experimentado en una simple visita, pero lo que se conocía menos es la historia del proceso que en el siglo XIX llevó, tras diversas polémicas y proyectos, a reinventar lo que podría haber sido la iglesia románica del abad Oliba a partir de un concepto más ideológico y sentimental que arqueológico. La especialista en arquitectura medieval Concepció Peig ha reconstruido las vicisitudes del monasterio con el objeto de determinar qué quedaba del original en el momento en que se optó por su reedificación.

Las aportaciones de Concepció Peig al conocimiento de la iglesia de Santa Maria de Ripoll permiten conocer de forma más exacta el estado del monasterio antes de la reconstrucción que ahora puede verse. Peig explica que ha encontrado varios planos inéditos en los que se aprecia de forma más clara el estado en que se hallaba el monasterio tras los años de abandono que sufrió después de la Desamortización de Mendizábal. Estos planos, aclara Peig, tampoco dan fe de la iglesia románica original, sino de la transformación que ésta había sufrido a mediados del siglo XIX para convertirla en una iglesia neoclásica, porque la historia de Ripoll, como la de muchos monasterios medievales, está plena de avatares y transformaciones que hacen difícil la lectura del edificio. El trabajo de Peig, profesora en la Universidad Internacional de Cataluña, forma parte de su tesis doctoral sobre Espacio y función en la arquitectura catalana de los siglos X-XI, que aún no está presentada, si bien en el 23º Curso sobre Intervención en el Patrimonio Arquitectónico, que se celebró a mediados del pasado mes de diciembre en el Colegio de Arquitectos de Cataluña, y que en esta ocasión se centró en los monasterios, presentó una ponencia sobre las intervenciones que sufrió Ripoll en el siglo XIX.

Reconstrucción simbólica

Aunque la primera iglesia del monasterio fue consagrada en el año 888, el referente actual y el que dominó en la reconstrucción es la ampliación que el abad Oliba realizó en 1032, una iglesia de cinco naves y siete ábsides, ya que era aquélla la que simbolizaba el momento de máximo esplendor del monasterio y, a su vez, del nacimiento de Cataluña. Pero la iglesia del abad Oliba había sufrido otras transformaciones. La más importante fue la nueva portalada, del siglo XIII, que, junto al claustro y la torre, ha logrado sobrevivir hasta hoy.

Hasta el siglo XIX la iglesia fue adaptándose a las modas del momento con diferentes detalles decorativos, pero sin que hubiera cambios de estructura. La intervención más discutida fue la que el arquitecto Josep Moretó i Codina realizó entre 1826 y 1830, en la que, al igual que hizo en la catedral de Vic, intentó reconvertir Santa Maria de Ripoll en una iglesia neoclásica. Moretó intervino en la estructura de la iglesia y la transformó en una iglesia de tres naves. Su reforma no duró mucho. En 1835 se publicó el famoso Decreto de Mendizábal y el monasterio dejó de ser un edificio monástico para pasar a ser propiedad del Estado. Las guerras carlistas, que tuvieron uno de su epicentro en Vic, tampoco colaboraron en la conservación del monasterio. Durante la primera fue incendiado y saqueado, y durante varios años sirvió como polvorín y caballerizas del Ejército, además de cantera para buena parte de la comarca.

A instancias del gobernador, responsable de la conservación de los monumentos, el alcalde de Ripoll redactó en 1846 un informe sobre el estado del edificio, que también preocupaba a un ilustrado grupo de vecinos. La Renaixença comenzaba a emerger con fuerza y Ripoll empezó a convertirse en todo un símbolo por albergar las tumbas de los primeros condes catalanes.

'El alcalde pidió a dos arquitectos que elaboraran un informe sobre el estado del edificio y un proyecto para evitar que siguiera su deterioro', explica Peig. 'Este proyecto, que está en un archivo de Girona, era un documento inédito hasta ahora y es muy interesante porque por primera vez sabemos exactamente qué quedaba en pie después de su abandono'. De aquel informe existe un plano muy simple que describe la iglesia neoclásica. Peig está estudiando si se hizo ya entonces una primera restauración para evitar el deterioro.

Los dos proyectos decisivos, sin embargo, se realizaron en las décadas siguientes. Uno lo llevó a cabo, por encargo de la Comisión Provincial de Monumentos de Gerona, el arquitecto Martí Sureda. El otro, por encargo de la Academia de Bellas Artes de Barcelona, filial de la de San Fernando de Madrid, el arquitecto Elies Rogent. Los criterios del primero eran, con la perspectiva actual, bastante respetuosos con los restos. Sureda, de quien Peig ha rescatado también algunos planos de su proyecto, consideraba que no podía rehacer un edificio si se desconocía cómo había sido el original. 'Su objetivo era dejar el monasterio como ruina visitable, conservando todos los restos románicos y góticos que quedaban', explica Peig. Los criterios del segundo optaban claramente por la reconstrucción. 'Rogent miró otras iglesias románicas que le parecía que podían ser parecidas y fue copiando diferentes partes adaptándolas a Ripoll', explica Peig. 'Hay que tener en cuenta que el monasterio de Ripoll fue el primer edificio reconstruido en Cataluña y que había poca información. Hizo lo que en el aquel momento le parecía más adecuado'.

Las peleas entre la comisión y la Academia se extendieron a lo largo de casi 20 años. Finalmente, la situación dio un giro total cuando el obispo de Vic Josep Morgades logró que el Estado retornara la propiedad de Santa Maria a la Iglesia para que pudiera ser iglesia parroquial. Morgades llamó a Elies Rogent, quien le presentó su proyecto de 1863. Fue éste, con algunas modificaciones, el que finalmente empezó a construirse entre marzo entre 1886 y 1893. La opción fue clara: reconstruir un símbolo, aunque para ello Rogent acabó prácticamente de destruir los restos arqueológicos que quedaban, por lo que la nueva iglesia es totalmente nueva.

Peig es contundente: 'En la iglesia de Ripoll lo único románico original que queda es su perímetro y los cimientos. todo el espacio interior es una invención'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de enero de 2001