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Entrevista:

"Yo era un experto en bailar el tango"

Pregunta. ¿Jura decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad?Respuesta. Completamente.

P. Mucho se ha tenido usted que enmendar, visto lo que le ha crecido la nariz en sus 17 años de portavoz.

R. No, al menos conscientemente. El 90% de la actividad del Papa es pública. Si la retocas o la interpretas, es inútil.

P. Confiese su bola más clamorosa en el cargo.

R. Ninguna tan gorda que haya hecho desaparecer a la Iglesia del panorama del mundo [risas].

P. Cuando, de estudiante, representaba al Calixto de La Celestina, ¿se imaginaba que le esperaban mayores teatros?

R. No. Pensé que aquella época estaba clausurada.

P. De Calixto a este despacho, ¿la diferencia es notable?

R. Digamos que el paso intermedio fue Hamlet [risas].

Perfil

Cartagenero de 64 años, puntal del Opus Dei en el Vaticano, estudió psiquiatría y periodismo y lleva 17 años a la sombra del Papa. Orgulloso de tener uno de los pocos centenares de pasaportes vaticanos, juega al tenis, y le gustan la pesca submarina y pasear. Está loco con sus dos perros, de los que ha aprendido "lealtad", y se divierte, dice, leyendo biografía y filosofía.

P. Tanto el Papa como usted han tenido un pasado de actores. ¿Les ha sido útil?

R. No se trata de engañar a la gente, porque el actor, si es bueno es auténtico, y transmite situaciones anímicas que son reales.

P. ¿Qué queda del trovador de sus años de periodista?

R. Poco. Ahora cojo la guitarra alguna vez, cuando estoy solo.

P. ¿Y qué se canta?

R. Pues My way, de Frank Sinatra. Tiene una letra estupenda: "Ahora que estoy llegando, cuando el telón está a punto de bajar, lo único que tengo que decir es que he vivido a mi manera".

P. ¿Bailar le gusta?

R. Me gustaba. Era un experto en tango. Formábamos una pareja sofisticada, mi hermana, que luego murió, y yo. Era una cosa de espectáculo.

P. De su arte torero, ¿conserva algo más que los pases?

R. Guardo todavía una fotografía de chaval. Mi interés por los toros era más que nada teorético: aquí hay algo más que el que un tío mate un toro. Me fui a la finca de Álvaro Domecq padre, el rejoneador, y toreé, para entender un poco estas cosas.

Vamos, no sé qué tiene la Piquer. Por el tipo de trabajo, por respeto a las personas, tienes que estar adecuado. Cuando estoy solo, es el blue jeans y un buen suéter.

P. Cuando era periodista, ¿se hubiera conformado con una información como la que usted da?

R. Cuando era periodista no vine nunca a esta oficina de prensa.

P. ¿Ha dado a probar al Papa el jamón ibérico?

R. No. Nunca le he traído nada español de comer.

P. ¿Su Santidad tiene buen diente?

R. Come poco. Está más escuchando lo que se habla, y, al terminar, le preguntas qué ha comido y es incapaz de acordarse.

P. Si no come, ¿qué rasgo civil destacaría de él?

R. El buen humor.

P. ¿En el Vaticano, todos los prelados creen en Dios?

R. Sí.

P. ¿Está seguro?

R. Puedo decir que, desde que estoy aquí, mi impresión sobre la Le he dicho que iba a ser sincero: es la pereza.

P. ¿Dónde deja la vanidad?

R. A los 17 años, ser vanidoso es una necesidad; por encima de los 45 es una memez.

P. De la corte celestial, ¿a quién le gustaría parecerse?

R. Si uno espera tener acceso, lo mejor es parecerse a uno mismo, con todos sus defectos.

P. Cuando le canonicen, que sea modelo Navarro.

R. Sí. Modelo para mí, con todas mis miserias.

P. ¿Ser del Opus es lo mejor que le ha pasado en la vida?

R. Sin duda, sin duda. Lo digo con toda sinceridad, no como fácil propaganda.

P. Antes hablaba de "la posición de la Iglesia" tocándose el pecho. ¿Está que se sale de poderío?

R. No, no, no. Es que me siento Iglesia. Un cristiano de a pie se tiene que sentir Iglesia.

P. ¿Se aprende mucha política en la Santa Sede?

R. Sí, con P mayúscula. No politiquilla o tacticismo, sino, como decía Platón, preocupación por la polis, por la comunidad.

P. Dentro de la curia existen el codazo, la zancadilla, el tirarse del moño.

R. Sí, sí. Cualquier persona que conozca al ser humano no se puede sorprender de que haya esas pequeñeces.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de diciembre de 2000

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