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FÚTBOL La resaca de la jornada. LA IMAGEN

El penalti visto y no visto

Minuto 79. En el marcador, 2-1. El Mallorca ha remontado en apenas cinco minutos el tempranero gol del Villarreal, que busca el empate. Su portero, López Vallejo, coge el balón y saca rápido, en largo, sorprendiendo a la adelantada defensa balear. Así, Craioveanu controla la pelota. El rumano avanza hacia la portería rival perseguido por Olaizola. El defensa local le va recortando el terreno y, nada más pisar el área, Craoiveanu se tira con tanta destreza como alevosía. Arturo Daudén Ibáñez, el árbitro, descolocado por la rapidez de la jugada, está a demasiada distancia, pero no tiene dudas. Categórico, expeditivo, pita penalti y amonesta a Olaizola. Desesperado, el mallorquinista se mesa los cabellos. Craoiveanu, feliz, se abraza a su compañero Víctor. La suerte parece echada. Pero, de repente, ante tanta protesta balear, el colegiado vacila. Por eso se acerca a la banda para hablar con su asistente. Sólo son unos segundos. Vuelve al área y, a toque de silbato, todo cambia. La pena máxima es ahora un piscinazo y la tarjeta amarilla no es para Olaizola, sino para Craoiveanu por simulador. Es la historia de un penalti tan fugaz como el truco del visto y no visto. El mago, un árbitro internacional y con más de 110 partidos en la Primera División a sus espaldas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 28 de noviembre de 2000