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Entrevista:Gari Kaspárov | Ajedrecista

"Mi gloria me ha matado, pero voy a resucitar"

Londres
El ruso Gari Kaspárov, nacido hace 37 años en Azerbaiyán de madre armenia y padre judío, ha perdido frente a su ex alumno Vladímir Krámnik la hegemonía indiscutible que mantuvo desde 1985, cuando destronó a su encarnizado enemigo Anatoli Kárpov. Quiere comportarse "como un caballero", pero también la revancha, tras una vida turbulenta, dedicada al ajedrez desde que era un niño

Su esposa le advirtió en abril de que Vladímir Krámnik podía destronarle. Y Gari Kaspárov, a quien muchos colegas llaman "Dios" por su carácter y sus tres lustros de reinado indiscutible, reconoce ahora que estaba embebido en la gloria: "Eso me ha matado, pero voy a resucitar", anuncia a los 37 años. Anhela que su omnipresente madre, ahora muy deprimida, y su hijo de 4 años le aclamen otra vez como campeón. Elogia mucho a Krámnik, pero le ve como "un reflejo del pragmatismo imperante".Sin afeitar, pero muy amable, el optimismo de Kaspárov contrasta con la profunda tristeza que emana de Clara Kaspárova, quien presencia de pie la totalidad de esta entrevista, en un céntrico y muy lujoso apartamento londinense.Desde que enviudó, hace 30 años, ella ha dedicado su vida a la conquista y defensa del trono de su único hijo.

Pregunta: ¿Cómo ve ahora la vida? ¿Qué le ha dicho su madre?

Respuesta: Permítame que guardemos algo para nosotros. En todo caso, no nos vamos a morir de ésta. Estamos hablando del futuro, pero antes debemos analizar los errores cometidos frente a un rival que los ha aprovechado perfectamente.

P. Su buen talante de hoy y durante el duelo no encaja. Por ejemplo, nunca se le había visto sonriente, y hablando por el móvil, cinco minutos antes salir al escenario.

R. Lo del móvil eran llamadas de mis analistas, porque habían encontrado fallos de última hora en la preparación. Supongo que lo del buen talante se debe a un deseo de autoprotección, de no caer en una depresión tremenda por el tremendo cansancio y la angustia. Por otro lado, quiero demostrar que sé perder. Los triunfos de un campeón son memorables, pero sus fracasos también deben serlo. Felicité efusivamente a Krámnik, e intento portarme como un caballero.

P. ¿Ha ganado Krámnik o ha perdido usted?

R. Más bien he perdido yo, tras ganarlo todo durante los últimos dos años. Esa gloria me ha matado. Mi preparación de las aperturas [primeros movimientos, que se realizan de memoria] era tan impresionante que no concebía la posibilidad de que tuviese agujeros. Hace meses, Yuri [Dojoián, su analista más fiel] me advirtió de que Krámnik podía llevar la lucha a posiciones anodinas, con pocas piezas en el tablero. Lo apunté en mi agenda para un entrenamiento específico, pero luego me concentré en aumentar el volumen de mi arsenal de aperturas. En efecto, Krámnik se ha dedicado a un juego destructivo, sobre todo con las piezas negras, y a encontrar antídotos con las blancas contra mis recetas de laboratorio. Y lo ha hecho perfectamente, elaborando un repertorio durante tres años mientras yo me dedicaba a ganar todos los torneos. Tras mi derrota en la segunda partida me entró el pánico porque vi que todo mi gigantesco trabajo no servía de nada ante la estrategia de Krámnik.

P. Y eso le obligó a cambiar de repertorio sobre la marcha.

R. Exacto. Lo que supone un trabajo paralelo de muchísimas horas, día y noche. Con ese desgaste, jugar consecutivamente los sábados y domingos me ha perjudicado de manera decisiva. Al principio, estaba en una forma excelente, quizá la mejor de mi vida. A veces, en los entrenamientos, calculaba variantes de diez jugadas con más precisión que las computadoras. Pero el cansancio fue haciendo mella, como se vio cuando perdí la décima, que fue un desastre. Entonces casi tiré la toalla, no me di cuenta de que aún podía remontar, como luego se vio. Sabía que Krámnik se iba a desmoronar si le ganaba una vez, y estuve muy cerca, pero no supe hacerlo.

P. Dadas las circunstancias, ¿hubiera sido ingenuo olvidarse de las guerras de laboratorio y, simplemente, jugar al ajedrez?

R. Ya, ése es un gran consejo, y pensé en ello. Pero implicaba tirar a la basura todo mi trabajo de años. Ahora tengo que volver a la escuela y aprender. Revestir mi sabiduría con el pragmatismo de Krámnik, que no ataca, no lucha por la iniciativa. Le reconozco como el 14º campeón del mundo desde 1886, así como el mérito de haber aportado un nuevo estilo al ajedrez. Siempre he mantenido la teoría de que todos los campeones estaban en consonancia con las tendencias de su tiempo. Ruy López de Segura fue el mejor en el siglo XVI, durante el imperio español, y el francés Philidor durante la Revolución Francesa.Fischer [EE UU, campeón en 1972] es a los hippies como Krámnik es a Down Jones. Lo que importa es que las acciones suban o bajen, ganar o perder, y él ha ganado en justicia, aunque su estilo sea poco atractivo. Creo que el ajedrez necesita aún la creatividad de Kaspárov, y por eso voy a resucitar. Buscaré la revancha con Krámnik en los próximos dos años. Y si tengo que aprender de él lo haré, a pesar de mi orgullo.

P. ¿Sabía que cuatro de los mejores del mundo -Gélfand, Morosiévich, Svídler y Dolmátov- han trabajado en secreto para Krámnik? ¿Le parece ético?

R. ¡Uffff! Me lo temía. Esos cuatro jugadores le habrán alimentado con muchas ideas. Por el contrario, en mi caso las ideas sólo salen de mí, y mis ayudantes las desarrollan. Recuerdo que durante el duelo de Kárpov con Korchnói [disidente soviético] en 1972, en Filipinas, había un equipo de 10 ó 15 grandes maestros trabajando para Kárpov desde Moscú, por orden directa del Kremlin. La diferencia es el pragmatismo de Krámnik. Él paga, y ellos trabajan. Punto.

P. ¿No hay razones extradeportivas en su derrota?

R. Ninguna. Todo lo que se ha dicho al respecto es falso, aunque debo pedir perdón por haber contribuido a ello con una frase mal expresada. Me refería sólo a los problemas técnicos y psicológicos que explico en esta entrevista. Y tampoco culpo a mis analistas, que han trabajado a destajo. La culpa es mía, porque pensé que no tenía sentido cambiar de armas si estaba ganando todas las guerras.

P. Tiene muchos enemigos ¿No teme perder poder?

R. No, si gano los torneos importantes, como los de Wijk aan Zee (Holanda) y Linares, no podrán aislarme.

P. ¿No se arrepiente de haber jugado con Krámnik, y no con el español Alexéi Shírov, quien se ganó el derecho al vencer a Krámnik en 1998?

R. En primer lugar, los patrocinadores de Brain Games no querían a Shírov, sino a Krámnik desde el primer día. Pero como [el indio Viswanathan] Anand era el segundo del escalafón en abril de este año, se lo ofrecieron primero a él. Recuerdo muy bien la escena en mi casa, cuando me propusieron a Krámnik. Mi mujer me dijo: "Espero que en noviembre no estés sentado aquí diciendo lo idiota que fuiste por no jugar con Shírov, a quien hubieras ganado fácilmente". Pero, con toda sinceridad, volvería a hacer lo mismo por una cuestión de principios. El campeón debe poner en juego su título contra el rival más peligroso. Y ése es Krámnik. Intenté jugar con Kárpov en 1997, Shírov en el 98 y Anand en el 99, pero los patrocinadores no estaban interesados. El dinero es el termómetro del interés público.

P: ¿Y si Brain Games no lo consigue para el Torneo de Candidatos de 2001 y el Mundial de 2002?

R. Mi derrota ha saltado a las primeras páginas, incluso del New York Times. Al parecer, es lo que necesitaba el ajedrez para ganar popularidad. Mi contrato con Brain Games incluye la obligación de jugar el Torneo de Candidatos. Pero si los patrocinadores quieren paralelamente la revancha directa contra Krámnik, estaré preparado.

P. Shírov dijo hace unos meses que este duelo con Krámnik estaba amañado.

R. Si es un hombre, y no un niño grande, espero que se disculpe públicamente. Si no lo hace, no le daré la mano en Wijk aan Zee.

P: Sus colegas le llamaban "Dios".

R. Está claro que se equivocaban. Me siento orgulloso como ser humano de lo que he conseguido durante los últimos quince años. Tal vez sea un récord en la historia de todos los deportes. Y no creo que alguien lo supere en el futuro. Pero yo quiero más.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de noviembre de 2000