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Tribuna:

Excusas

Seamos serios. Lo que aduce el Instituto Valenciano de la Exportación en el recurso frente el archivo de su querella contra José María Tabares y Jean Luc Lagier suena a excusas de mal pagador. Se siente indefensa la sociedad pública porque el juez no ha visto delito societario por ninguna parte y sí mucha información sesgada y parcial, "cuando no incierta", así como una reprobable falta de responsabilidad del consejo de administración en el seguimiento del contrato para favorecer las exportaciones de Ford a Túnez, origen del agujero de más de 1.000 millones detectado en el instituto. Tras denunciar a su ex director por haber actuado a espaldas del consejo, reconoce ahora el Ivex que en sus oficinas existía un contrato que echa por tierra esa denuncia y se escuda en que Tabares no lo había dado a conocer. Es decir, que el organismo público se fue al juzgado sin revisar siquiera en sus archivos los datos más elementales relativos al caso. Bonita manera de justificarse. Sobre todo cuando el Ivex inquiere en su recurso por qué el juez no se ha preocupado de averiguar dónde está el dinero perdido en las operaciones de intermediación y de aval con las empresas de Lagier. Si preocupaba de verdad el supuesto fraude al instituto y no se limitaba a un asunto de gestión irregular, la pregunta es trivial: ¿Por qué se acusó sólo de "delito societario" a Tabares y al empresario francés y no de estafa, apropiación indebida u otra figura de mayor enjundia penal? ¿Tal vez porque se buscaba un archivo del caso que blanquease el quebranto sin más consecuencias? Desde luego no se esperaba la reprimenda judicial, que pone el dedo en la llaga, como delata el Ivex al alegar que en las sociedades mercantiles los consejos delegan en ejecutivos de confianza, en quienes recae la auténtica responsabilidad. En pocas palabras, dice el Ivex que los Fernando Castelló, Carlos Fabra, Arturo Virosque, Juan Francisco García, Luis Esteban, Joaquín Andrés Berenguer o Salvador Martí Huguet que se sientan en el consejo lo hacen para no enterarse de nada. La autoexculpación, con todo, apunta en una dirección evidente. Si alguien tiene que pagar los platos rotos por la pifia de la querella será la directora actual, Carmen de Miguel. ¡La pobre!

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de noviembre de 2000