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FÚTBOL Liga de Campeones

El Barça evita un cruel adiós en Leeds

Rivaldo empató en el minuto 94 y salvó a su equipo de una prematura despedida tras encajar un absurdo gol en el inicio

Ya habían levantado una lápida en el fondo sur de Elland Road y tenían puesto en letras bien grandes "Aquí yace el Barcelona 2000-2001", un equipo épico y heroico, capaz de batirse con el Milan y el Madrid y, sin embargo, vencido por el Leeds, cuando Rivaldo, incansable, metió la pierna, medio cayéndose, tal que en el remate le fuera la vida, y acabó de una puñetera vez con la imbatibilidad de Robinson, un portero que se le había interpuesto hasta seis veces antes de darse por vencido.Nadie sabe bien a ciencia cierta qué minuto era, pues a eso se le llama tiempo añadido, prolongación, descuento o lo que el árbitro le da de cuerda al partido, pero el gol fue bien válido y el Barça continúa enganchado a la Copa de Europa, bordeando la eliminación, a expensas de un triunfo del Milan en la última jornada, con el mismo suspense con el que se enfrentó ayer al Leeds, como un equipo menor, pero sobreviviendo ya que no sabe mandar.

LEEDS UNITED 1 BARCELONA 1

Leeds United: Robinson; Kelly, Woodgate, Mills, Harte; Bowyer, Bakke, Dacourt (Burns, m. 75), Matteo; Viduka y Smith.Barcelona: Dutruel; Puyol, Abelardo, Reiziger (Dani, m. 66); Cocu, Xavi; Simão, Luis Enrique (Gerard, m. 66), Sergi; Alfonso y Rivaldo. Goles: 1-0. M. 4. Bowyer lanza una falta desde el vértice izquierdo y con un lanzamiento en diagonal sorprende por alto a Dutruel, desorientado por completo. 1-1. M. 94. Centro de Cocu por la izquierda, cabezazo de Gerard al palo y Rivaldo, desde el punto de penalti, recoge el rechace y marca. Árbitro: Terje Hauge (Noruega). Mostró tarjeta amarilla a Dacourt, Luis Enrique, Abelardo y Bakke. Elland Road. Lleno. 36.000 espectadores.

El partido fue al fin y al cabo un punto y seguido en la trayectoria azulgrana en la competición europea, repleta de sobresaltos, plagada de encuentros sin fin, tan intensa como emotiva, nada triunfadora, pero repleta de marcadores que suenan a remontada. A falta de juego desequilibrante, de calidad futbolística si se quiere, el Barcelona combate con vitalidad, con fe, con una actitud que le ennoblece. Metido en el cuadrilátero de Elland Road, anoche sufrió como nunca para acabar saliendo airoso como de costumbre. El empate igual no le vale, pues en Estambul pecó de frívolo, pero será difícil reprocharle la eliminación por su despliegue en Milán y Leeds, un equipo sobresaliente en el esfuerzo y en la defensa de su cancha, pese a actuar desfigurado por la ausencia de media plantilla lesionada. Aceptó el Barcelona el cuerpo a cuerpo que le propuso el equipo inglés y no desmayó hasta que Rivaldo premió su ejercicio de supervivencia, aunque dejó en mal lugar a un equipo que no supo jugar con cabeza ni ganar un partido en el que le iba la clasificación. A la dificultad original del partido, el Barça añadió una carga inesperada, pues concedió un gol en un libre directo de Bowyer que Dutruel no hizo más que aplaudir. Perdieron los azulgrana demasiado tiempo en posicionarse y regalaron medio partido. Imposible jugar con paciencia, difícil no ir a por el contrario, complicado mover al Leeds, imponente en el juego sin balón, directo en cada robo, agresivo en defensa y generoso en ataque, tomando siempre las espaldas de los centrales.

No había un rincón de Elland Road en donde buscar respiro. Los muchachos de O'Leary coparon la cancha y dinamitaron la línea de tres cuartos azulgrana. Ni un centímetro para tocar y combinar, ni un metro para girar y meter un pase interior, ni un palmo para un cambio de orientación, ni un compañero a primera vista, copado como estaba el campo de blancos; no tenía el Barcelona dónde jugar.

Le costó al Barça montar sus transiciones, alcanzar el marco contrario, pero no se rajó nunca y fue trabajándose un puñado de ocasiones, pero los disparos de Rivaldo fueron tan contundentes como los rechaces de los defensas, siempre taponando el área, bloqueando a los delanteros, protegiendo al espléndido Robinson. El juego de anticipación mandaba sobre el de elaboración, la generosidad física se imponía a los movimientos con balón, la velocidad era tal que no había lugar para ninguna pausa.

El mal rato azulgrana se prolongó más de lo esperado. Presionaban como nunca los ingleses, ruidosos en cada jugada de ataque, siempre manejadas por el imponente Viduka, e intimidatorios en su propio feudo. Y al Barcelona le faltaba sutileza en el último pase, habilidad para jugar en el área rival y un punto de suerte para batir a Robinson. Él y Rivaldo mantuvieron un diálogo impresionante.

Dale que te pego, el Barcelona y Rivaldo no pararon ni un momento, combatiendo contra su propia fatalidad, maldiciéndose por el gol que el árbitro anuló a Rivaldo por fuera de juego posicional de Dani, buscando un tanto redentor que evitara su eliminación europea. No había forma de encontrar un hueco en el muro de Elland Road. Y justo cuando el partido expiraba, Rivaldo apareció y se encontró con una pelota rechazada por el palo a remate de Gerard y empató. Un mal resultado que, sin embargo, se convirtió en un buen marcador a la espera de la última jornada. Puesto que no puede ganar, el Barça no se da por vencido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 25 de octubre de 2000