El PP fuerza la retirada de Ortuño para evitar un voto de castigo a De España en Alicante

"La polémica interna sólo lleva al desierto de los votos", dice el reelegido presidente

Julio de España, presidente de la Diputación de Alicante, fue reelegido ayer para el cargo de presidente provincial del PP con el apoyo del 84% de los compromisarios que votaron en el 10º congreso del partido, celebrado en el recinto ferial de Elche. La forzada retirada, a última hora, de la candidatura del diputado autonómico Manuel Ortuño, frustró las esperanzas de los descontentos de materializar su voto de castigo, que al final de tradujo en 65 papeletas en blanco, 16 nulas, 68 compromisarios sin acudir a las urnas y más de 200 que optaron por no acreditarse. La posibilidad de trasladar una imagen de división hurtó el debate interno y forzó un aparente consenso alejado de la realidad.

Con el ejemplo vivido 24 horas antes en Valencia, donde la lista alternativa a la oficial logró aglutinar a un buen número de militantes descontentos con la dirección provincial del partido, el PP no dejó ayer cabos sueltos en su congreso de Alicante. El ilicitano Manuel Ortuño, diputado autonómico, podía dar un susto similar, o mayor, al protagonizado por Joaquín Corredor en Valencia, pero a última hora retiró su candidatura, lo que impidió el debate en aras de trasladar una imagen irreal de consenso interno.Pero Ortuño no se fue con las manos vacías. Situó en el nuevo comité provincial a Elena Bonet, una mujer de su absoluta confianza, y consiguió que fueran aprobadas todas sus enmiendas a la ponencia de Organización, incluidas las propuestas de tender a la comarcalización de la estructura del partido, de frenar en seco la colocación de cuneros en listas municipales y la elección de candidatos a concejales en asamblea y por votación secreta.

Aunque la retirada estaba cantada, Manuel Ortuño se erigió en portavoz de la militancia que reclama una participación activa "a todos los niveles", y pidió a los responsables del partido mayores dosis de democratización interna y que sean más receptivos con las bases. "Las estructuras locales mantienen al partido", dijo en su discurso.

Con el camino despejado, Julio de España intervino ante el congreso en dos ocasiones. La primera, para pedir el voto, y la segunda como presidente electo. Sin olvidar dar las gracias a Ortuño por su retirada ("ha sido una iniciativa sensata", le dijo), De España remarcó la importancia de trasladar a la ciudadanía imagen de consenso y cohesión interna, porque ello, dijo, se traducirá "en votos". "Todo es susceptible de ser mejorado", añadió en tono autocrítico, "e intentaré mejorar el diálogo interno y estimular la participación activa de los militantes". Para ello, advirtió el todavía candidato que incorporará a las sedes del partido tecnología "de última generación".

Una vez elegido y proclamado, Julio de España anunció que se trataba de su último mandato, y tras repasar la "sintonía" que el PP mantiene con la sociedad, contuvo un discurso triunfalista para remarcar la "necesidad de evitar morir de éxito".

De su nuevo comité destacó la juventud, pese a que la mayoría de las vocalías están ocupadas por alcaldes, concejales y diputados que lo son desde hace lustros. La renovación, sin embargo, sí es real en las secretarías y en los cargos más relevantes. Así, el nuevo secretario general es Miguel Peralta, alcalde de Alcoy, y se crea una vicesecretaría general en sustitución de la figura del coordinador. La diputada Macarena Montesinos, de esta forma, se erige en la número tres del partido en la provincia de Alicante.

Las llamadas a la solidaridad, la libertad y diálogo social fueron una constante en el congreso, que repitieron hasta la saciedad desde Julio de España hasta el ministro de Defensa, Federico Trillo, y el vicepresidente del Gobierno, Mariano Rajoy, que clausuró el cónclave después de la intervención de Eduardo Zaplana.

"En política nunca se llega a la meta, porque siempre se plantean nuevas ambiciones y retos y no se acaba nunca con las necesidades", señaló Zaplana en su discurso. "Por eso", añadió, "lo que nunca puede faltar es el contacto con la sociedad, y el nuestro no es un partido que se mire al ombligo, sino algo vivo y un vehículo para no encerrarnos en nosotros mismos".

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 30 de septiembre de 2000.