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Tribuna:ATLETISMO. Sydney 2000. EL MICROSCOPIO

Hormonas sexuales

El récord mundial femenino oficioso de maratón (2.20.43 horas) es unos 15 minutos más lento que el masculino (2.05.42 horas). Posiblemente las hormonas sexuales tengan mucho que ver en esta significativa diferencia. El cuerpo femenino apenas si produce testosterona, una hormona encargada, entre otras funciones, del desarrollo (anabolismo) del tejido muscular en el varón a partir de la pubertad. En cambio, las hormonas femeninas (estrógenos) no tienen un efecto anabólico tan marcado sobre los músculos de la mujer y permiten que acumulen una mayor cantidad de grasa alrededor de su cuerpo. Así, su porcentaje de grasa suele ser superior al de los maratonianos: 8%-10% frente a 4%-6%, respectivamente. Esto implica que, a igualdad de peso, una maratoniana tiene que cargar con cerca de 3 kilogramos adicionales de grasa en 42 kilómetros. En cambio, tendría casi 3 kilogramos menos de tejido muscular (15 frente a 18). Ante estas diferencias antropométricas, no sirve que los músculos de la mujer estén tan entrenados como los del hombre y tengan la misma capacidad relativa de extraer oxígeno de la sangre, unos 220 mililitros por kilogramo de músculo por minuto: el consumo máximo de oxígeno de todo el cuerpo (VO2max) es hasta un 15% menor en la mujer. El VO2max de los mejores maratonianos suele rondar los 80 mililitros por kilogramo por minuto y el de las mujeres apenas sobrepasa los 70. Y este parámetro es un factor muy importante en el maratón. Aún hay más: aunque tuviera la misma cantidad de tejido muscular que los hombres e igualmente entrenado, de todos modos la bomba cardíaca debería trabajar más para entregar la misma cantidad de oxígeno a sus músculos. En efecto, los niveles de hematocrito (porcentaje de glóbulos rojos en la sangre) y de hemoglobina (proteína que transporta el oxígeno) suelen ser más bajos en las mujeres. De lo dicho se desprende el gran mérito de las maratonianas, que han tardado mucho tiempo en tener el reconocimiento y respeto merecidos.

Alejandro Lucía es fisiólogo en la Universidad Europea de Madrid.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 25 de septiembre de 2000