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Crítica:XI BIENAL DE FLAMENCO

Medea jonda y sangrienta

Una nueva Medea. Ésta con la denominación de origen de Távora, que siempre marca. Su hija Pilar es la principal responsable de una recreación cuyo rasgo más llamativo es el flamenco.Éste es su mayor mérito también. Se canta bien, se canta muy bien. Giráldez, Lagos, el de Utrera y Terremoto, abordan con excelencia estilos de tanta dificultad como la caña, la soleá por bulerías, la siguiriya, el martinete y más. Todo lo bailan Amaya y Granados. A diferencia de aquella bellísima Medea del Ballet Nacional de España, en que el baile de conjunto tenía un protagonismo considerable, aquí el baile es individual.

Y, sobre todo, de Juana Amaya, una temperamental bailaora que incorpora con absoluta propiedad esa Medea devorada por los celos, el odio y el atroz deseo de venganza. De acuerdo con el personaje, el baile de Amaya es agresivo, cargado de una enfebrecida pasión que le permite expresar con jondura la tragedia de un ser aparentemente de una pieza, pero muy complejo. Con toda seguridad es la mejor Juana Amaya que hemos visto en una carrera ya larga, lo que celebramos porque es bailaora siempre volcada en lo que hace.

Medea

Espectáculo flamenco basado en la obra de Eurípides y Séneca.Dirección: Pilar Távora. Baile: Juana Amaya, Alejandro Granados. Cante: Fernando Terremoto, Rafael de Utrera, Macarena Giráldez, David Lagos. Guitarras: Eugenio Iglesias, El Bola de Jerez. Tambores: Coliblancos y Colinegros de Baena. Sevilla, teatro de la Maestranza, 10 de septiembre.

Granados, quien estéticamente nos parece que no da el tipo de Jasón, baila también con una gran entrega y corrección, aunque en ocasiones recurra a ciertas convenciones.

Si en el aspecto musical y coreográfico, es decir en lo puramente flamenco, la obra nos parece lograda, en el terreno escenográfico los problemas son importantes y, a mi juicio, no todos satisfactoriamente resueltos. Dispuesto el escenario en tres niveles, el más alto a cinco metros de altura, lo que en él ocurre se nos antoja ya fuera de cuadro, como un añadido marginal a la historia que se cuenta; pero bien al contrario, lo que allí ocurre es esencial.

Pilar Távora ha recurrido a una pantalla para dar la palabra a Medea y Jasón a través de otros intérpretes, que son Concha Távora y Guillermo Vallverdú. El recurso, no sé si teatralmente ortodoxo, es válido puesto que supone un desdoblamiento de los personajes que nos permite escuchar sus parlamentos a la vez que contemplamos sus bailes.

En cuanto a las bandas de tambores, o no hacen nada o estorban.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 12 de septiembre de 2000