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VUELTA 2000 14ª etapa

Desfile de amarillos

El caos hace que Casero y Heras se vistiesen de líder sucesivamente

Quedan cinco kilómetros para la meta. Zintchenko tiene el triunfo en su mano. Ya ha subido lo peor, la Huesera. La etapa no se le va a escapar. Aunque Heras y Cárdenas vienen al galope, les aventaja en un minuto y medio. Los dos corredores del Kelme sacan 1.10 a Casero. Ahí se vive la emoción. El maillot de líder está a punto de cambiar de manos. La cifra mágica es 1.15, el tiempo que separa a los dos protagonistas de la Vuelta en la general.El GPS (medidor de tiempo por satélite) de la televisión hace equilibrios. Primero se pone del lado de Heras (1.17, líder virtual). Luego, vuelve hacia Casero (1.06). Siguen subiendo los Lagos, sigue la emoción. Cuatro kilómetros, tres, dos, uno y meta. Heras, Casero; Casero, Heras. ¿Quién es líder? Nadie lo sabe. Hay un empate. Ningún cálculo vale salvo el de los jueces. ¿Y qué dicen los jueces? "Heras ha sacado 1.02 a Casero, es decir, Casero conserva el amarillo por trece segundos". ¿Cómo? ¿Trece segundos? Los jueces revisan sus cronómetros y dictaminan, por segunda vez: "No, perdón. Casero es líder por un segundo". Eso es más creíble. Así que el protocolo se pone en marcha. Sube Zintchenko al podio, y después todos los demás. Para el final se reserva al líder de la Vuelta. Sube Casero al camión, recibe las felicitaciones del secretario de Estado para el Deporte, le entregan los ramos, la botella de cava, le besuquean dos azafatas y le visten de amarillo.

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Pero salta el escándalo: el líder no es Casero. Es Heras. Resulta que los jueces de la Unión Ciclista Internacional han contabilizado, según marca el reglamento, los tiempos de los dos. Ven que empatan a segundos y, por tanto, recurren a las milésimas. Heras suma 900 y Casero, 1.230. Es decir, el corredor del Kelme es el nuevo líder.

"¡Roberto, Roberto!". A Heras, que está bajando hacia los coches del equipo para ir al hotel, lo detienen y le dicen que tiene que regresar arriba. Sube a la meta y al camión del podio, recibe las felicitaciones del secretario de Estado para el Deporte, le entregan los ramos, la botella de cava, le besuquean y le visten de amarillo.

Sí. Es la Vuelta a España. Una carrera diferente, propensa a que le ocurran estas vicisitudes. La organización se lava las manos. Dice que la responsabilidad única corresponde a los jueces de la UCI. : "Esto es como un partido de fútbol. Si el árbitro dice que tienen que jugarse siete minutos más, se juegan y nadie puede decir nada. Nosotros tampoco podemos decir nada", se lamentaba Enrique Franco, el director general de la Vuelta a un metro de su Mercedes.

"Nosotros, en Internet", precisaba su lugarteniente, Víctor Cordero, "ya hemos puesto a Heras de líder en cuanto ha entrado en la meta. Tenemos la mejor tecnología de las tres grandes vueltas. Lo que pasa es que en la UCI no la usa". Los jueces hablaban de un error humano. Quién sabe. El caso es que la imagen de la Vuelta a España retrocede. Carece de la estructura y de los medios que se facilitan en otras grandes carreras (el Tour, fundamentalmente) y, aunque en este caso no tenga una responsabilidad directa, cada año le surgen una multitud de problemas organizativos.

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