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Alemania resucita a costa de España

Los alemanes golean a los de Camacho, que apenas ofrecieron resistencia

A España le debió pesar el mes de agosto y Alemania lo aprovechó para resucitar en plena crisis de su fútbol. Guardiola estuvo espeso, lento. Gerard se fatigó para encontrar su posición, confundiéndose con Raúl en la media punta. La defensa se las vio venir cada vez que Bode, Ballack, Jancker y Zickler agarraban el balón en carrera. Los alemanes rodaban como motos de alta cilindrada y a los españoles la puesta a punto física les quedaba demasiado lejos para girarse, ir al corte o anticiparse. Menos mal que Alemania no tuvo más pausa que la que puso el pequeño Scholl. De lo contrario lo de ayer habría terminado en ejecución sumaria más que en goleada, que es de lo que se trató.Una goleada propiciada por la astucia de Scholl y la sorprendente tozudez de Iván Campo. El media punta del Bayern abrió la cuenta con un tiro de falta directa. Levantando el balón suave y con dirección para que describiera una parábola y se metiera en la escuadra. El pequeño Scholl lo celebró como si fuera un gol de oro, pero su noche de gloria no había terminado. Iván Campo le pondría en bandeja otro tanto. El central del Madrid es un marcador efectivo pero no sirve para sacar la pelota jugada. Por algún motivo abusa de este recurso sin tener condiciones para ello. Parece ufanarse. Sufrió un instante de parálisis... y un pillo como Scholl hizo estragos. Le robó la pelota, tiró una pared con Jancker y misión cumplida. El público lo elevó en un grito. Alemania encarrilaba así la victoria y el resto quedó en manos de Zickler. En esto acertó el segundo entrenador de España, José Carcelén, cuando dijo que Zickler debió ser el campeón alemán de 200 metros. En dos escapadas hizo dos goles. Dos definiciones prolijas en las que mató por agotamiento a Abelardo y a Iván Campo, que otra vez le dio un balón.

ALEMANIA 4

ESPAÑA 1Alemania: Kahn; Rehmer, Nowotny, Heinrich (Linke, m. 67 ); Deisler, Ramelow, Ballack, Bode (Beinlich m. 54); Scholl (Neuville, m. 65); Zickler y Jancker (Rink, m. 74). España: César; Velasco (Manuel Pablo, m. 45), Abelardo, Paco (Iván Campo, m. 45), Juanfran; Etxeberria (Rufete, m.61), Guardiola, Mendieta (Víctor, m. 45); Gerard (Guti, m. 45); Raúl y Dani (Tamudo, m. 75.) Goles: 1-0. M. 23. Scholl de falta directa. 2-0. M. 50. Scholl tras una pérdida de balón de Iván Campo en la frontal. 3-0. M. 56. Zickler cruza el balón ante César. 4-0. M. 62. Zickler, tras recortar a Manuel Pablo. 4-1, M. 69. Raúl recorta a un defensor y marca de gran vaselina. Arbitro: Knud Erik Fisker (Dinamarca). Amonestó a Paco, Guardiola, Velasco, Víctor y Scholl. Estadio Niedersachsen de Hannover, 40.000 espectadores.

Alemania cedió terreno y presionó con mucho orden desde el inicio. Se parapetó en su campo, con una línea de cinco en el medio, por delante de los centrales. Ballack, Ramelow, Bode, Deisler, Scholl y Zickler barrieron el medio campo con denuedo. En ese terreno, cada pelota dividida fue alemana. Guardiola y Gerard no consiguieron abrir el juego, tocar con velocidad y descargar a las bandas. El equipo se atascó en algún lugar de los tres cuartos. El campo se estrechó y a España la bailaron al ritmo de la batidora. La pelota no llegó nunca a los costados. Allí, sudorosos, haciendo esfuerzos baldíos, Mendieta y Etxeberría se limitaron a intentar abrir huecos para la subida de los laterales. Y los laterales subieron. Juanfran y Velasco recorrieron toda la banda y chocaron, una y otra vez, contra Deisler, Ballack y el robusto Bode. Aquello era un dique.

Mendieta y Etxeberria nunca se fueron en un uno contra uno, salvo por un pase de Raúl al extremo del Athletic que terminó en el primer remate contra la puerta de Kahn. Eso, en el minuto 40, era el resumen de un panorama entre aburrido y desolador. En el descanso, Camacho revolvió el banquillo y le dio la media punta a Guti para tener el balón más que para llegar por sorpresa, como había intentado Gerard. El otro damnificado por el cambio fue Mendieta, que debe andar despistado en la selección. Si en Francia Camacho no se decidió a ponerle hasta verificar lo evidente, que era el mejor volante izquierdo posible, ayer lo reemplazó por Rufete.

Más allá de los problemas que tuvo España para darle fluidez al juego, el amistoso se disputó a un ritmo intenso. No faltaron patadas y dientes largos, sobre todo por parte de los teutones, enfrascados en sacar pecho ante su afición para mostrar que todavía sienten esa fiebre patriótica que supone enfundarse la camiseta blanca. Jugaron revolucionados, en pleno proceso anabólico. Demasiado revolucionados para los españoles, todavía metidos en la pretemporada. Su preparación física contrastó con la de los alemanes, que llevan una jornada de Bundesliga en las piernas.

El único placer de España salió del pie izquierdo de Raúl, que una vez resuelta la goleada sentó a Nowotny. Recortó a la derecha, se volvió por la izquierda, se perfiló y desde la media luna mandó la pelota a la escuadra con un toque sutil. Entonces, Camacho se tragó un caramelo con ademán suficiente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 17 de agosto de 2000