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Reportaje:VERANO2000OFICIOS VERANIEGOS 'HAMAQUERO' - J. M. González

Buscador de descanso para los demás

Su rostro y su voz son más que conocidos entre los incondicionales del Carnaval, pero José María González Santos, Kichy para los amigos, sabe que no sólo de comparsas y chirigotas vive el hombre. Al llegar el verano, este joven opositor a profesor de Historia deja a un lado los ensayos con su agrupación, una de las mejor aceptadas de la Cádiz, y se emplea en el alquiler de sombrillas y tumbonas.Comenzó a trabajar en la playa de Santa María del Mar hace cuatro años, cuando una amiga le recomendó en la empresa Fermep Inversiones, responsable en Cádiz de estos servicios. Trabaja seis días por semana. Su jornada comienza a las once de la mañana con el montaje de las tumbonas y se prolonga hasta las siete de la tarde, hora de recogida. José María se encarga también de mantener limpia su zona, así como de evitar cualquier acción vandálica que pueda dañar los equipamientos.

El calor es otro de sus grandes enemigos. Aunque suele estar a la sombra, la gorra y la camiseta del uniforme se convierten en un martirio en los días más duros de agosto. Le está permitido, eso sí, tomar baños cortos cada cierto tiempo. Las peores épocas son, sin duda, las rachas de levante, en las que el viento convierte la arena en un verdadero azote y las temperaturas se elevan hasta hacerse insoportables.

José María asume con bién estas vicisitudes: "No hay que quejarse. No es una tarea muy sacrificada, y está bien pagada", argumenta sobre las 90.000 pesetas mensuales que cobra, "más comisión y propina, aunque los clientes no suelen ser muy generosos", dice.

En cada una de las 10 áreas reservadas que pueden contarse a lo largo de la línea costera de la capital gaditana existe medio centenar de tumbonas al servicio de los bañistas. La mayor parte de los clientes son extranjeros. José María González se defiende bien en inglés y francés pero lo que mejor funciona es el trato amable a los visitantes. "Hasta ahora, no he tenido ningún incidente desagradable. Todo lo más invito a marcharse a los que se instalan aquí sin pagar", explica.

Si sus aspiraciones de profesor dan fruto, el gaditano abandonará el oficio de acomodador de playa. Sabe que se trata de un puesto muy codiciado entre los jóvenes, pero condenado a extinguirse a finales de septiembre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 9 de agosto de 2000