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TOUR DE 2000 Séptima etapa

El ritual de la cuneta

Sólo la tradición explica por qué los ciclistas no orinan antes de la salida

El trasvase de liderato en Tours dio mucho que hablar. "Laurent, Laurent. ¿Qué te ha parecido que ataquen mientras te has parado para orinar?", encizañaban a Jalabert, hasta entonces con el maillot amarillo. El corredor del ONCE desdramatizó el asunto, pero la cuestión se convirtió en el chascarrillo del día. Al final, se levantó demasiada polvareda. Y un tanto artificial. Porque la cronología de la fuga que coronó a Alberto Elli como nuevo líder fue otra. Quien saltó fue el sueco Backstedt (Crédit Agricole), neutralizado enseguida por Cañada. Un poco más tarde sí saltó Durand y, tras él, otros once. Pero nada imperdonable. En fin, asuntos menores de una carrera inmensa. Jalabert perdió el maillot conscientemente, y punto.Pero surge la pregunta. ¿Por qué los ciclistas paran en la cuneta con tan sólo un cuarto de hora en carrera? "Es un ritual", coinciden todos. "Con todo el jaleo de la salida no se puede hacer. Así que lo dejamos para el kilómetro cero o el principio de la etapa", detalla Txente García Acosta (Banesto). En resumen, esto mismo alega la mayor parte de sus colegas.

En el Tour, el ritual viene de antiguo. El líder suele marcar la pauta. Él, en cabeza del pelotón, frena, echa el pie a tierra y marca el momento. A menudo no quedan más de 40 sobre la bici, de un total de 180. Jalabert no siguió los cánones aquel día. En vez de adelantarse al pelotón y pararse ostentosamente en la cuneta, haciendo ver a todos que había oído la llamada de la naturaleza, el francés lo hizo a escondidas, a cola. No todos le vieron.

Es cierto que otros deportistas de pruebas de larga duración orinan alguna vez, pocas, durante la competición (maratón, tenis, ¿natación?). Es normal, y más aún teniendo en cuenta los litros de líquido que ingieren. Pero nadie tanto como los ciclistas y nada más empezar la prueba. "Sí, ya. Pero es un ritual", insiste Javier Otxoa (Kelme). "En carreras de menos importancia, donde se rueda más despacio, se para hasta cinco veces en cada etapa. Siempre hay algún parón y entonces nos avisamos entre nosotros: 'Meada, meada'. Y se paran casi todos". En el Tour ocurre un par de veces cada día. En la etapa del jueves no se dio el caso. Fue rápida y nadie tuvo tiempo para detenerse. Así que evacuaron sobre la marcha (la organización sanciona cada día a varios por este motivo, tipificado como "comportamiento incorrecto hacia el público") y otros no tuvieron más remedio que aguantarse, como el portugués Orlando Rodrigues, uno de los más contenidos. "Yo soy más pudoroso, pero si uno no para, luego va incómodo. Cuando me entreno en casa, estoy tres horas aguantando, para acostumbrarme".

Perfecto. Pero todavía resulta difícil de entender cómo hay tantos ciclistas que paran en el kilómetro cero. "Porque en la salida no tenemos posibilidades", esgrime Javier Otxoa, apoyado en el coche del equipo, con dos urinarios a su espalda, totalmente vacíos antes de la salida. "Están demasiado pendientes de las azafatas como para pensar en sus necesidades", arguye Jesús Ibarguren, médico del Banesto. La pregunta, está claro, no tiene respuesta. O sí. Es un ritual.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de julio de 2000