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TRAGEDIA EN SORIA

Los 22 estudiantes muertos en el accidente de Soria procedían de dos colegios de Barcelona

Los fallecidos, de entre 14 y 16 años, iban a pasar unas semanas de veraneo cerca de Aranda

Veintidós escolares y cinco adultos murieron ayer al chocar frontalmente cerca de Soria un camión de transporte de ganado con un autobús que trasladaba a estudiantes de dos colegios de Barcelona. Los chavales iban a un campamento de verano en las proximidades de Aranda de Duero (Burgos). El accidente se produjo al invadir el camión el carril contrario por causas que anoche no habían sido aclaradas oficialmente. Los dos vehículos cayeron a un terraplén y quedaron totalmente destrozados. En los colegios, ubicados en las localidades de Ripollet y Viladecans, se vivieron escenas de gran tensión protagonizadas por los familiares de los adolesecentes. A los funerales, que se celebrarán hoy en Soria, asistirá la Reina.

Las vacaciones de una treintena de escolares de Barcelona acabaron ayer trágicamente en una carretera de Soria a las 15.55 cuando un camión que transportaba ganado porcino se salió de su carril, cuesta arriba, y embistió frontalmente al autobús en que viajaban, a la altura del kilómetro 159 de la N-122, en el término municipal de Golmayo. Circulaban en ese momento por una zona de amplia visibilidad, en un autobús casi recién estrenado -había sido matriculado en diciembre del año pasado-, pero el choque resultó demoledor. Veintiún personas murieron de forma instantánea y otras seis fallecieron mientras eran trasladadas en ambulancias o en el hospital, 22 de ellos escolares y cinco adultos.La mayoría de los chicos muertos tenían edades comprendidas entre los 14 y 16 años, eran estudiantes de los colegios barceloneses Sant Esteve, de Ripollet, y Modolell, de Viladecans, y se dirigían a un campamento de verano organizado por la congregación de los Hermanos de San Gabriel en Aranda de Duero (Burgos), a unos 80 kilómetros del lugar del accidente. Entre los fallecidos se encuentran el conductor del camión y un acompañante, el chófer del autobús y dos profesores. Además de los 27 fallecidos, otras 13 personas resultaron heridas de gravedad.

La tragedia causó gran conmoción en toda España, y particularmente en las dos comunidades directamente afectadas, Cataluña y Castilla y León. El presidente de la Generalitat acudió a consolar a los padres de las víctimas momentos antes de que partieran de viaje hacia Soria, y el presidente de Castilla y León, además de tomar otras medidas, movilizó a un equipo de 20 psicólogos para atender a los familiares de los fallecidos en cuanto llegasen a Soria. Ambos presidentes decretaron tres días de luto. El funeral se celebrará hoy, a las once de la mañana, en el nuevo estadio de Los Pajaritos, en Soria. Los cadáveres de los escolares fueron llevados ayer por la tarde al antiguo estadio deportivo. Al funeral asistirán la Reina Sofía, acompañada del jefe de la casa del Rey, Fernando Almansa, y el presidente del Gobierno, José María Aznar, entre otras autoridades.

Eran poco más de las cuatro de la tarde. El autobús que procedía de Cataluña con 43 personas a bordo pasó Soria y siguió por la carretera que lleva hasta Portugal por Zamora, la N-122. Les faltaban 80 kilómetros para llegar a Aranda de Duero (Burgos), donde iban a pasar unos días en un campamento juvenil. La mayoría de ellos eran estudiantes de 1º y 2º de ESO y tenían entre 14 y 16 años. Dos kilómetros después, un camión que transportaba cerdos se puso en su camino. Embistió al autocar por su parte izquierda, por causas desconocidas, y ambos vehículos cayeron por un terraplén, un pequeño precipicio de unos cinco o seis metros de altura. Decenas de chicos, la mayoría muertos, destrozados, quedaron en la carretera. Los restantes, atrapados en el interior del autobús. La escena era siniestra.

Los vivos no sabían qué pasaba. "Algunos, medio inconscientes, sólo se quejaban", explicaba uno de los primeros bomberos en llegar al lugar.

La impotencia de los equipos de rescate era total. Cuando llegaron ya nada pudieron hacer por 21 de las víctimas. Habían fallecido atrapados entre, maletas, mochilas, hierros, gritos de dolor y asientos retorcidos. Otros seis murieron por el camino o en el hospital de Soria. La sangre había dejado su huella por todas partes.

De los heridos, a dos se los llevaron de inmediato a Zaragoza, en estado muy grave. Sufren traumatismo craneoencefálico. Otros tres, hospitalizados en Soria, seguían anoche en la sala de reanimación.

Allí empezaron a llegar enseguida numerosos sorianos dispuestos a garantizar las necesarias provisiones de sangre. La noticia del siniestro -jóvenes estudiantes que, como muchos otros cientos de miles, en esta época del año, recién finalizado el curso escolar, se disponen a participar en campamentos de verano- había impactado a los ciudadanos. La solidaria disposición de unos y otros, ciudadanos, médicos, equipos de asistencia, autoridades..., todos, llevó igualmente a habilitar con prontitud salas para acoger a los familiares que irían llegando desde Cataluña, y una en especial, donde una veintena de psicólogos y psiquiatras atendieran las previsibles crisis de nervios. La mayoría de los padres hicieron el viaje a Soria sin saber si sus hijos estaban entre los muertos o entre los heridos. Anoche trataban de averiguarlo, entre lágrimas, abrazos y zozobra, en el polideportivo de Los Pajaritos.

En la carretera, repleta de cristales, permanecían las rodadas del camión. A mitad de la cuesta, el vehículo, que subía, invadía el carril contrario y chocaba casi de frente, por el lado del conductor, con el autocar que bajaba. El autobús, que se suponía repleto de entusiasmo y jolgorio, se cayó por el terraplén, derribando la barrera de protección. Muchos viajeros salieron despedidos por el cristal delantero y por las ventanas laterales. El camión, desbocado, siguió unos metros y se precipitó, de frente, contra el suelo.

El omnibus había sido matriclado en Barcelona el pasado mes de diciembre. Según la empresa, Auto Granados Bus, con sede en Cerdanyola del Vallés, incorporaba todas las medidas de seguridad reglamentarias. Pero cuando ayer por la tarde le izó la grúa, aparecía destrozado. El morro aplastado, los asientos en la hierba, la luna olvidada en las barreras de la carretera...

Debajo de él se encontró, como se esperaba, el último cadáver. La recuperación de todos los cuerpos y el rescate de los heridos fue un episodio tan triste y desolador, que hasta la médico forense flaqueó. "A esto no se acostumbra nadie", musitaba la secretaria judicial. "No me lo explico. En este lugar... No entiendo cómo ha podido ocurrir. A 50 metros o menos tienen un carril para vehículos lentos. No sé qué ha pasado... Es vergonzoso. El estado en que han quedado los vehículos es horrible. No sé para qué sirve tanto dinero, arcos de seguridad, air-bags, ni tanta chorrada que les ponen a los autocares. Sólo se ven hierros y ni asientos ni nada", relataba Óscar, un testigo.

Los ayuntamientos de Ripollet y Viladecans habían fletado autobuses para que los familiares se desplazaran de inmediato a Soria. La mayoría, desconcertados, no sabía aún si sus hijos estaban a salvo. El presidente de la Generalitat de Cataluña, Jordi Pujol, les había despedido con muestras de dolor. Subió al interior de los vehículos y les dio ánimos. Cuando llegaron al lugar del suceso se encontraron con el peor panorama posible. "Algunos jóvenes estaban inidentificables", reconoció el juez de guardia de Soria.

Entre los restos esparcidos por la carretera quedaban los preparativos de un buen campamento: sacos de dormir, mapas, cintas de música, botellas de agua... Al lado, el camión volcado -la cabina destrozada y aplastada-, de donde se extrajo a última hora de la tarde al conductor, irreconocible, hasta el punto de que las propias fuerzas de seguridad dudaban entre dos hermanos de Segovia para confirmar la identidad.

A las ocho de la tarde empezó la limpieza de la N-122. Después, el servicio de atestados de la Guardia Civil empezaba a tomar medidas y muestras para la investigación. La carretera volvía a abrirse al tráfico a medianoche.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de julio de 2000