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Un informe oficial del Reino Unido alerta del derrumbre industrial si el país no ingresa al euro

La industria británica sufrirá un fuerte retroceso y se perderán miles de puestos de trabajo a menos que el Gobierno se de cuenta de que es "indispensable" que el Reino Unido acceda pronto a la moneda única europea. A esta conclusión, sin un ápice de duda, llegó el jefe de la Oficina de Inversiones británica, Andrew Fraser, y así se lo comunicó al ministro de Comercio, Stephen Byers. El informe de Fraser es rotundo: "Debemos esperar el cierre de grandes fábricas si no se entra en el euro". Los recientes despidos masivos de Ford y Rover y la amenza de Nissan de hacer sus inversiones fuera del Reino Unido, son las principales señales. Un portavoz del primer ministro Tony Blair quiso quitar hierro al declarar que la visión de Fraser es "exagerada".

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Las conclusiones del informe, reproducidas ayer por el periódico británico The Guardian, son dramáticas para el futuro de la industria británica. Fraser no se va por las ramas. Es claro, conciso, contundente y demoledor, y exige al Gobierno británico que también lo sea. "El Gobierno debe desafiar a los euroescépticos y expresar que la entrada en el euro es indispensable para asegurar el futuro de la industria británica", dice Fraser. La predicción puede parecer algo apocalíptica, pero Fraser no es un hombre dado al alarmismo. Durante los últimos seis años ha dirigido la Oficina de Inversiones británica, es decir que ha trabajado para los conservadores y ahora lo hace para los laboristas, y ha recorrido el mundo en busca de inversiones.Hoy sostiene que sólo el euro evitará el éxodo de firmas que en regiones pobres de Gales y Escocia dan empleo a miles de personas.

"El cierre de grandes empresas será inevitable y la desaparición de puestos de trabajo agudizará las diferencias regionales con sus inevitables repercusiones políticas y sociales", afirma el informe. La reacción de Londres al informe de Fraser fue escueta. Un portavoz del primer ministro Blair lo calificó de "exagerado". Pero, en el fondo, tanto Blair como todo su Gobierno saben que es una carga de profundidad que se generará un amplio debate. De hecho, Fraser pide a los ministros más proclives al euro, como el titular de Comercio, Stephen Byers, que traten de convencer a los más euroescépticos.

Fraser quiere que todos los ministros y especialmente el de Economía, Gordon Brown, reconozcan que no es realista y sí muy peligroso el actual valor de la libra frente al euro (ayer un euro valía 0,6290 libras frente a las 0,7054 que valía cuando nació la moneda única) y que el euro es imprescindible para preservar la industria. El tono casi desesperado del informe sugiere incluso que la preocupación del Ejecutivo por la fortaleza de la libra, la reticencia a un enfrentamiento directo con los euroescépticos más duros del Partido Conservador (Tories) y el temor a que la tasa de paro se vaya por la nubes es mucho mayor de la que los ministros se atreven a admitir públicamente. El informe se filtró este fin de semana a la prensa pero fue recibido por Byers en mayo. Esta semana, el Gobierno tiene previsto anunciar una cifra récord de proyectos inversores extranjeros (650) que han creado o asegurado cerca de 120.000 empleos. Para Fraser se trata de un espejismo. Las mismas firmas que confían en un Reino Unido dentro de la unión monetaria, empiezan a perder la calma y están a punto de desviar sus cuentas a países que ya suman en euros.

"El Gobierno no puede continuar demorando un decisión crucial: o continúa con la su política de "ya veremos qué pasa con el euro" y no hace nada para frenar la creciente sensación de crisis, o comienza a dirigir su política económica hacia una mayor convergencia (incluyendo un tipo de cambio de la libra más flexible) junto al firme compromiso de entrar en la zona euro cuando las condiciones lo permitan", sentencia Fraser.

"Ganarse a la opinión pública es esencial", reconoce Fraser, "pero las recientes crisis de Ford y Rover y la pérdida de inversores, en especial procedentes de Japón, es lo que nos espera de no actuar rápido", añade. Tal vez el apoyo que la Reina de Inglaterra dio al euro, según aseguró la presidenta del Parlamento Europeo, Nicole Fontaine, ayude a los británicos a reconciliarse con la idea del euro.

Fraser opina que si el Gobierno no actúa pronto, la fuga de inversiones y el consecuente cierre de empresas se acelerará, especialmente en los sectores textil, electrónico, automovilístico. "Cuando las compañías japonesas desaparezcan del paisaje británico, la crisis se extenderá a la City londinense (el corazón financiero)", predice Fraser.

El asesor advierte que muchos grandes inversores, en particular los japoneses, se sienten traicionados por las vueltas que da el Gobierno para decidir la entrada en el euro. Blair ha hablado en muchas ocasiones en favor del euro, incluso ha asegurado que el Reino Unido aprovecharía el éxito de la moneda única para estrechar su lazos con la UE, como hizo en un reciente artículo publicado con José María Aznar en el Financial Times.

Pero, en opinión de Fraser, ante tantas idas y venidas la mayoría de las empresas que ahora duda si seguir en territorio británico hizo sus planes a largo plazo contando con que Londres acabaría cediendo al euro. Cuando hasta nombres como Nissan admiten que no pueden seguir perdiendo miles de libras con cada uno de los coches que fabrican y podrían vender mucho más baratos en la Europa continental, los argumentos de Fraser aumentan de peso. En cifras, la situación parece clara: si el 70% de la producción británica facilitada por las casas extranjeras es exportada de nuevo al exterior, sobre todo a países de la zona euro, otras economías con una moneda menos poderosa acabarán llevándose los próximos contratos.

Carlos Ghosn, presidente de Nissan, consideró la pasada semana la posibilidad de invertir fuera del Reino Unido. Los expertos también prevén que Aiwa e Hitachi, que tienen fábricas en Gales, y Toshiba, con su planta de Plymouth (sur de Inglaterra), sigan a su compatriota si éste abandona el suelo británico. En 1998, el Reino Unido atrajo más de 38.000 millones de libras (más de 10 billones de pesetas) en inversiones extranjeras. Si las palabras de Fraser se cumplen, los 650 proyectos ya pactados y a punto de ser anunciados no volverán a repetirse el próximo año.

Byers, uno de los ministros más pro europeos del Gabinete laborista, conoce de primera mano el futuro que describe Fraser. Hace dos años escasos una planta de semiconductores de Siemens con 1.000 empleados y una inversión de 1.200 millones de libras cerró en su distrito electoral. Que suceda lo mismo con otras parecidas es sólo cuestión de tiempo para Fraser.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de julio de 2000

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