Nací en el lugar equivocado
De nuevo, el temperamento esencialmente democrático de nuestros vecinos los franceses me recuerda que nací en el lugar equivocado: 200 kilómetros al sur.Como muchos de mis colegas, profesores de instituto, he sufrido y sufro la débâcle del sistema educativo con el más absoluto pasmo y la impotencia más paralizante. Los abanderados del progresismo han logrado transformar la educación en un producto más del mercado, sujeto a los dictámenes de expertos en experimentación pedagógica que se creen depositarios de la verdad. Con su grotesca nomenclatura y su consigna de "muerte a la lección magistral del profesor especialista" han logrado convencer a la sociedad de que el alumno estaba siendo víctima de pesados saberes que, por alguna ignota conspiración, no habían mostrado su inutilidad y anquilosamiento hasta los años ochenta. Quinientos años de latín y griego, de literatura, gramática y retórica, abono de la cultura europea desde el Renacimiento hasta las vanguardias, son para estos títeres del mercado global una nimiedad sin importancia. Y una necedad de tal calibre no conoce en España apenas réplica. Se censuran y se silencian las voces discrepantes tachándolas de inmovilistas, elitistas derechonas e ignorantes de las necesidades sociales y empresariales del nuevo siglo.
En Francia, sin embargo, dichas voces tienen tanta fuerza y repercusión en los medios como sus detractoras. Y el debate florece como continua renovación de la semilla democrática. Tzvetan Todorov ha entrado en escena, emulando el afán de vedette mediático del exministro Allègre. Los ciudadanos toman de nuevo las calles para gritar: democracia. Éste es el único e imperecedero progresismo.
Nuestros políticos y representantes sindicales seudoprogresistas, no obstante, se regodean en su ignorancia y en su despecho de mediocres intelectuales, tapándonos la boca mientras sostienen sin ru-
bor que la oposición a su política es prácticamente inexistente.- .
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