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Una despedida con historia

Castellón despidió anoche sus tradicionales fiestas al grito característico de Magdalena Vitol. La compañía Xarxa Teatre puso el punto final a los diez días ininterrumpidos de festejos fundacionales de la ciudad con su espectáculo especial Castellón, un poble i tres cultures. El montaje creado para la ocasión sirvió para recorrer y resumir ante los castellonenses todas las contribuciones de los pueblos que han dejado huella a lo largo de su historia, huellas que se funden en unas fiestas en las son parte esencial las leyendas y los orígenes como pueblo.Las del 2000 han sido, según fuentes municipales, más multitudinarias que nunca. Los castellonenses optaron, pese al mal tiempo y la amenaza constante de lluvia, por tomar las calles y disfrutar de los más de 200 actos programados en esta Magdalena. Las de este año han sido también unas de las más tranquilas teniendo en cuenta el número de visitantes y de vecinos que han participado en las mismas. La Policía Local destacaba anoche la ausencia de incidentes graves, aunque se han registrado las típicas denuncias y quejas, de escasa relevancia.

La reina de las fiestas, Begoña Fabra, con el esperado grito "Magdalena Vitol", dio paso antes de la media noche al montaje de Xarxa Teatre. Un gran letrero luminoso y la música de Alí i canya fueron los prolegómenos del espectáculo. Más de 80 personas, entre músicos, bailarines, técnicos y actores, participaron en el montaje del grupo de Vila-real. Un escenario central en la plaza Mayor; andamios y pasarelas en lugares estratégicos como el mercado, el tejado del Ayuntamiento o la fachada de la Concatedral sirvieron para representar el paso de judíos, musulmanes y cristianos por estas tierras. Procesiones judías con una arca de la que salían numerosos efectos piroténicos y una filà mora portando una media luna de fuegos de artificio recrearon la presencia de esas culturas hasta la llegada de los cristianos. Desde una inmensa grúa se descolgaron els cavallets del Corpus y dos cabuts que simbolizaban el Ball dels cavallers. El mercado, complentamente encendido con cruces, dio paso al crisol de culturas fundacionales. En la puerta de la Concatedral, bajo los tres arcos de su entrada principal, la tres culturas confluyeron en la fiesta. A partir de ahí, Xarxa Teatre representó lo esencial de las fiestas hasta llegar al final Magdalena Vitol, que concluyó con el Rotllo i canya y un espectáculo piromusical. Fue el último adiós a la Magdelena del 2000.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de abril de 2000

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