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El Pamesa, impotente frente al Cáceres

El equipo valenciano demuestra que sigue sin superar la decepción de la Copa

PAMESA 79-CÁCERES 81Tres encuentros ha perdido el Pamesa Valencia en su pabellón. Y en los tres casos, las derrotas han llegado por caminos miméticos. Con manifiesta incapacidad por parte del conjunto valenciano para enderezar situaciones adversas. Ya ocurrió ante el TDK, ya sucedió contra el Caja San Fernando, y ayer, ante el Cáceres, tres cuartos de lo mismo. En cuanto el rival consigue un colchón de seis o siete puntos, la remontada se convierte en una especie de muro insuperable.Las consecuencias de la decepción copera no remiten. El Pamesa ha pasado de acariciar la primera plaza de la fase regular a contemplar como puede peligrar el factor campo en las eliminatorias por el título.

Pamesa: Rodilla (15), Luengo (6), Álvarez (8), Hopkins (26) y Tanoka Beard (12); Maluenda (4), Markovic (8), Albert (0)

Cáceres: Arcega (8), Doblado (0), Rodríguez (14), Paraíso (16) y Hill (17); Montes (1), Winters (8), Abrams (17). Árbitros: Sancha, Murgui y Sánchez Monserrat. Eliminados por faltas: Paraíso. Unos 9.000 espectadores en la Font de Sant Lluís.

Pero la Copa no sólo ha descabalgado al Pamesa de la senda exitosa. Hay dos jugadores a quienes la Copa los ha ubicado en un mundo confuso. Rodilla y Tanoka. Y si a un equipo le fallan la cabeza y los pies, ¿qué se puede esperar? Poca cosa. La omnipresencia, la abnegación, la profesionalidad de Hopkins pueden ayudar, pero no salvar. Además, Hopkins, como todo ser humano, tiene unos límites. Mientras conservó su plenitud, el Pamesa gozó de ventajas. Cuando el pivote cedió, el colectivo se desmoronó por completo.

Había perdido ayer el Caja San Fernando. El Pamesa, por tanto, tenía a su alcance el reencuentro con la plaza más alta del podium de la Liga. Un idílico panorama abortado, sin embargo, por la nulidad de los locales y por el Cáceres. Un gran Cáceres. Inteligente y constante. Supo resistir la embestida inicial del Pamesa -perdón, de Hopkins- para reivindicar protagonismo antes del descanso y asestar el golpe definitivo en los instantes iniciales de la reanudación. Porque golpe definitivo es adquirir sólo seis puntitos en el feudo del Pamesa. Más que suficiente. Ni una postrera posesión del Pamesa obró el milagro. No pudieron anotar ni Rodilla, ni Hopkins ni Maluenda. Era el epílogo a todo un tratado de impotencia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de febrero de 2000