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Tribuna:

EL DIFERENCIAL DE ESPAÑA Y EUROPA: Moderación salarial, inflación y productividad. ANTONI ESPASA / EVA SENRA

Los autores creen que para frenar el alza de precios, la contención de salarios debe ir acompañada de una mayor dotación en infraestructuras y tecnología.Los precios en los distintos mercados españoles, al igual que ocurre en muchas otras economías nacionales, están sometidos a evoluciones y oscilaciones diferentes. Esto hace que el análisis de la inflación en el índice de precios al consumo sea conveniente realizarlo distinguiendo entre inflación en mercados con precios con evoluciones firmes y suaves (inflación tendencial) y la inflación en mercados con precios muy oscilantes (inflación residual).

Los valores de inflación tendencial española en los 10 primeros meses del año 1999 han sido altos respecto a otros países de Europa. En todo caso, dicha inflación tendencial en ese periodo se ha ido reduciendo y se puede decir que tuvo una evolución favorable. Con los datos del pasado mes de noviembre se truncó tal evolución y los datos correspondientes a diciembre del año 1999 lo han confirmado, situando la inflación tendencial en dicho mes en el 2,04%.

La expectativa actual sobre la inflación tendencial para diciembre del año 2000 es de 2,5%, con una orientación a mantenerse sobre el 2,4% en el año 2001. Tal valor se compone de una expectativa de inflación de 1,7% en los mercados de bienes y del 3,5% en los sectores de servicios.

Los diferenciales de inflación tendencial y de inflación tendencial en los mercados de bienes entre la economía española y las del resto de Europa son suficientemente amplios, históricos y con tendencia a mantenerse en el futuro, que requieren que cuanto antes se tomen medidas para intentar anularlos o reducirlos.

La moderación salarial es una de ellas, pero conviene precisar qué se entiende por tal. Ciertamente, la moderación de los salarios no consiste en que todos los años y todos los asalariados reciban incrementos salariales que no superen la inflación.

Ello implicaría que el bienestar de los asalariados (sin otro tipo de rentas) medido por su poder adquisitivo no mejoraría aunque la economía creciese e incluso lo hiciese a tasas superiores a las de la media europea.

La moderación salarial debe entenderse en el sentido de que los salarios deben pactarse en función de la realidad y perspectivas de cada empresa. Con tales pactos y una política de márgenes empresariales orientada a maximizar los beneficios en periodos amplios de tiempo y no en el cortísimo plazo (un año), la empresa podrá asegurar su competitividad, manteniendo o aumentando su cuota de mercado.

Así, la moderación salarial debe relacionarse también con una política de márgenes empresariales. Por otra parte, la moderación salarial implica que los pactos salariales sectoriales o por áreas geográficas debieran incluir un margen de flexibilidad adecuado, recomendando que las empresas con incrementos de productividad paguen mayores subidas salariales y las empresas con problemas de competitividad moderen las subidas salariales y compriman los márgenes empresariales hasta que tales problemas se resuelvan.

Una visión general para reducir la inflación en precios implica reducir la inflación de los costes de producción, distribución y comercialización en las empresas. En tales costes, lo importante no son los salarios nominales, sino los salarios por unidad de producto o costes laborales unitarios.

Estos costes no son más que los salarios nominales divididos por la productividad. Así pues, para luchar contra la inflación es también muy importante aumentar la productividad de la economía española.

Los aumentos de productividad se deben propiciar a nivel macro y microeconómico. Si las infraestructuras públicas españolas son peores que las de la mayoría de los países europeos, el desarrollo de la actividad económica se realizará con un crecimiento mayor de costes y con mayor inflación.

Para evitar dicho foco inflacionista es necesaria una mayor inversión pública en infraestructuras, incluidas educación e investigación, financiada con una reestructuración del gasto público que no aumente el déficit. Asimismo, si el nivel de inversión e incorporación tecnológica de las empresas españolas es inferior al de las europeas, sus costes laborales unitarios aumentarán más, aunque se dé moderación en los salarios nominales. Así pues, para reducir la inflación parece imprescindible una mayor incorporación tecnológica e inversión por parte de las empresas españolas.

El diferencial de inflación entre España y Europa es algo persistente en el tiempo, como lo es también una dotación peor de infraestructuras públicas y una incorporación tecnológica empresarial menor.

La corrección de ambas deficiencias junto con la moderación salarial podrá acabar con el diferencial inflacionista y asegurar un crecimiento económico estable. Por el contrario, una mera moderación de los salarios nominales sin importantes aumentos de productividad no parece suficiente para alcanzar un diferencial inflacionista nulo con Europa.

Antoni Espasa y Eva Senra son miembros del Instituto Flores de Lemus de la Universidad CarlosIII de Madrid.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de febrero de 2000