Milenio

JOSÉ LUIS FERRIS

Si comienzo esta columna afirmando que la duración de 9.192.631.770 períodos de la radiación correspondiente a la transición entre dos niveles hiperfinos del estado estable del átomo de Cesio 133 es, sin más retóricas, lo que se viene considerando desde 1967 como definición precisa de la unidad de tiempo internacional, es decir, un segundo (han leído bien, la sexagésima parte de un minuto), habré caído en la tentación de vapulear a los lectores con una excentricidad difícilmente perdonable. Sin embargo, basta con conectar el ordenador, buscar la página web correspondiente y viajar hasta San Fernando de Cádiz, ahí mismo, para que el Real Instituto y Observatorio de la Armada nos aclare el concepto en los términos exactos que acabo de exponerles. El asunto, que a más de uno le debe compungir tanto como un frasco de guisantes, tiene su allá y no hay que perderlo de vista como argumento específico para sacarnos de una duda que mantiene dividido al país entero. Me refiero, cómo no, a la fecha exacta en que comienza el siglo XXI.

Las discusiones al respecto y la acuciante necesidad de celebración de un evento tan sonado ha propiciado la intervención del Ministerio de Defensa que, vía Internet, se deshace en explicaciones para aclarar la confusión. Lo malo del caso es que en su afán de afinar para deshacer líos y supercherías, enreda la madeja con virtuosismos técnicos sobre la unidad de tiempo y otras relatividades semejantes. Queda claro, a pesar de todo, que si Cristo no hubiera perecido en la cruz y su longevidad le hubiera permitido alcanzar la centuria, su cumpleaños lo habría celebrado unos días antes del 31 de diciembre del año 100 de nuestra era, de modo que el siglo II, según fuentes del citado ministerio, comenzó el 1 de enero del año 101 a las cero horas, cero minutos, cero segundos. Del mismo modo, el 31 de diciembre del año 2000 se acabará oficialmente nuestro siglo y su última campanada dará paso al segundo siguiente, es decir, a ese átomo de Cesio 133 convertido ya en tercer milenio. Pero ustedes hagan lo que les salga del sombrero: La transición de niveles hiperfinos no debe aguarles la fiesta. ¿O sí?

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 15 de diciembre de 1999.

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