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CICLISMO: Tour

"Las cosas van bien"

Sólo Escartín parece rebelarse contra el conformismo tras las etapas de los Alpes

Zülle cruzó la meta preguntando insistentemente "¿cuánto tiempo, cuánto tiempo?". Preguntaba por lo que iba perdiendo Olano. No le pudieron responder a tiempo. No había noticias del guipuzcoano. Así que el suizo se dio media vuelta y bajando por donde había subido y otra vez siguiendo a Escartín se fue a buscar su hotel. Sol y buen tiempo. También buenas caras. Una etapa temida terminaba con objetivos cumplidos por todos los lados. ¿Es esto el Tour? ¿Cómo es posible que se acepte sin dramatismo que el éxito de uno debe ser el fracaso de otro? Nada de dramatismo. Más bien, filosofía. Casi estoicismo.

Caritas de justificación. "Ahora mismo cambio ganar la Vuelta a ocupar un puesto en el Tour", dice Manolo Saiz, quien mira la general y ve a su líder, Abraham Olano, segundo aún, y eso que ya ha pasado la montaña enemiga. "Yo me conformo con hacerlo bien, y hacerlo bien es estar entre los mejores. Y de los Alpes, Abraham, que no es escalador, tiene que salir con nota alta. A poco que mejore un poco, tiene que estar mejor todavía en los Pirineos. Las cosas van bien". En los Pirineos le espera a Olano sólo una llegada en alto, al corto Piau Engaly, y una etapa con los colosos (Tourmalet y compañía), pero con final en Pau. Saiz contaba que en la subida a Alpe d'Huez, en la que Olano perdió apenas 10 segundos por kilómetro con respecto a señores escaladores, el guipuzcoano, que se tuvo que marcar solo su ritmo (paralelamente, su compañero el año pasado en Banesto, Beltrán, tiraba a su ritmo de los notables), pasó un momento de crisis, entre los kilómetros 9 y 10 de ascensión. "Cogió a un grupo con Salmon y Vinokurov que no le fue nada bien". Pero Olano, que en los dos finales en alto ha perdido 5m 14s, contó que había sufrido más en la Croix de Fer. "Podía haber enterrado mis ilusiones en la Croix de Fer", dijo el líder del ONCE. "Luego en el Alpe d'Huez, un puerto al que tenía bastante respeto, he tenido que ir a mi ritmo, sin ninguna referencia de cuanto tiempo perdía".

Y Manolo Saiz: "Para nosotros no es agradable tener que pegarnos entre los españoles por puestos en el podio. Pero, bueno, las relaciones deportivas son buenas. Y eso es lo importante". Y Eusebio Unzue: "Lo que a mí me da pena es tener que haber gastado fuerzas y tiempo dos días para recuperar el tiempo perdido. Hemos estado maniatados tácticamente y no hemos podido atacar al líder. Todo lo contrario. Arrieta y Beltrán han sido los mejores gregarios de Armstrong. El día del Galibier, el americano se había quedado sin coequipiers a 70 kilómetros de la meta, y en vez de atacarlo, como debíamos poner tierrra de por medio con el grupo de Olano, le estuvimos llevando. Y ayer, Beltrán ha tirado de él en Alpe d'Huez. ¿Y qué le vamos a hacer?". Olano entró el domingo en las tres primeras etapas decisivas (contrarreloj de Metz, Sestriere y Alpe d'Huez) con 6m 3s de ventaja sobre Zülle (los del paso del Gois) y pasados ese día le quedan 5s de reserva. También el guipuzcoano entró igualado a tiempo con Escartín, y sale con una ventaja de 1m 11s, gracias a lo ganado en la contrarreloj.

Escartín no habló en la meta, pero sí más tarde. Y aún estaba con mal cuerpo. Se rebelaba. Ni había ganado la etapa ni había entrado en el podio. Y encima, ve que se le acaba su terreno. "En los Pirineos hay poca montaña para mi estilo", dijo. "Y aquí no he rebajado nada de tiempo. Encima, estoy cabreado conmigo mismo. Vigilaba para la etapa a Tonkov y Virenque y me ha salido Guerini muy fuerte. Encima, ataco y me salen Zülle y Tonkov, algo que no veo lógico".

Menos lógico vio Guerini, aún con sudores de susto media hora después de ganar la etapa, que le saliera un aficionado a mitad de la carretera para hacerle una foto. "He pasado en un segundo de vivir el momento más bello de mi vida al más asqueroso. No entiendo cómo no había vallas ahí. Cuando estaba en el suelo pensé que no podría ganar la etapa". El escalador italiano, tercero en los Giros del 97 y 98, cubrió el expediente en la llegada más espectacular para su equipo, el Telekom, que lo había fichado como gregario de lujo para Ullrich.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 15 de julio de 1999