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Tribuna:

El baúl de las sirenas

LUIS DANIEL IZPIZUA Cuando Ulises llega a la isla de las dos Sirenas, sigue en todo los consejos que le había dado Circe y, tras untar con cera los oídos de sus compañeros, se hace atar al mástil de la nave para poder escucharlas y satisfacer así su curiosidad. El canto dulce y hechicero de las Sirenas, que dicen saber "cuanto sucede sobre la tierra fecunda", embriaga al encordelado Ulises, quien se lanza al punto a pedir por señas a sus compañeros que lo desaten para así poder acercarse a ellas. Siguiendo órdenes previas, sus compañeros refuerzan entonces las ataduras en lugar de liberarlo. De haber hecho caso al fascinado Ulises, ninguno hubiera salido vivo de la aventura. Hasta ahí el mito. Debe de ser realmente irresistible el zumbido de la omnisciencia, tanto o más que el gorjeo de lo misterioso, con el que sin duda está emparentado. Pero hay sirenas y sirenas, y cuando el ansia por la verdad pierde prestigio, pasan a hibernar las que la cantan y dejan su sitio a otras más prosaicas pero no menos seductoras. No son maestras de la verdad, sino expertas del trucaje. Saben que todos los discursos son intercambiables y que cualquiera de ellos puede ser bueno siempre y cuando el que lo emita sea el bueno. De ahí que la primera tarea, la fundamental, sea hallar la frase, o el ropaje, o el gesto que defina como bueno al que emite el discurso. A partir de ahí, será tarea mascada el recurrir al baúl de los discursos para sacar de él el adecuado a cada ocasión. Estas sirenas pingonas, tan aficionadas al afeite, han estado entonando durante una temporada un canto nacional capaz de hacer bizquear a los luceros. Mas he aquí que esa melodía ha acabado por aburrir al océano, y veánlas ahora dispuestas a urgar en el baúl y a sacar otra melodía para ver si así atraen a algún marinero de bella estampa.Llamemos a nuestras dos sirenas por sus nombres, oséase PNV-EA y EH, y helo, helo por do viene el marino encantador, oséase el PSE-EE-PSN. Hay, sí, otro marinero, también él crecido en letras, el PP-UPN, pero es el marinero pestiño, el pérfido putañero que necesitan las sirenas para ser buenas, decir lo que ahora dicen y seducir al Popeye de verde luna. Ahora, nuestras sirenas dicen ser progresistas y querer formar gobiernos progresistas. En realidad, lo que quieren es mandar y sacar adelante lo mismo que querían sacar adelante antes, pero como no les salen las cuentas necesitan embaucar a alguien más. Ellas, que conformaron un frente que más parecía una formación de hoplitas en marcha, le acusan al marinero guapo de practicar el frentismo si se alía con el pestiño, y hasta les dice Txomin Ziluaga en la tele que, si lo hacen, sus bases van a sufrir una barbaridad, lo que no se sabe si es una amenaza o una tontería. Sus bases, en efecto, han sufrido una barbaridad, pero no por culpa del marinero pestiño, sino de la burricie de una de las sirenotas, y de las iras de la otra, que aún clamaba no hace mucho con el dedo airado que jamás les iba a perdonar no sé qué. En fin, uno no es partidario de que se alíen el PSE-EE-PSN y el PP-UPN, pero esa alianza le parece tan lícita como la de los nacionalistas -escrito lo tengo-, y desde luego más lícita que la del PSE con EH. Uno es partidario de que todos estén gobernando en las distintas instituciones, tal y como los votantes parecen haber acordado, y que no se expulse a ninguno de ellos a la marginalidad. Y lo que me parece inaceptable es que en nombre del progresismo se camuflen otros propósitos ante los que los ciudadanos nos hemos definido ya hace unos días. Esa alternativa de progreso para Navarra, por ejemplo, hecha de retales como si se tratara de una cruzada contra Solimán, no es más que una engañifa para meter a los navarros de matute en el 53%, en esa mayoría irredenta de Otegi que clama en el desierto. Puede ser también otro abrazo del oso, otra maldición de las sirenas, para un partido, el PSE-EE-PSN, que ha visto a su militancia condenada a la exclusión y a la amenaza y ahora corre el riesgo de hacerla desempeñar el papel de mamporrero. Y entre el marino putañero y el marino mamporrero, algunos pueden tener clara la elección. No encendamos el fuego ahora en Navarra.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 27 de junio de 1999