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Tribuna:

Catarsis

J. J. PÉREZ BENLLOCH A los socialistas valencianos, los que uno tiene al alcance de la mano y con los que incluso comparte largos trechos de biografía, les sabe a cuerno que se les diga cuán bien les sienta el ostracismo. Peor aguantan que se les pronostique dosis más prolongadas del mismo jarabe. Tan sólo los ecuánimes, o aquellos que andan ligeros de ambiciones por sentirse políticamente amortizados, admiten sin reservas este proceso de catarsis que supone ejercer la oposición, no tener un duro en las arcas ni tampoco gentes notables u opulentas que les hagan zalamerías, que se reservan para el poder establecido. Este desasistimiento, sin embargo, tiene sus ventajas, y alguna muy plausible, cual es que la renovación del PSPV -mansa, pero indefectible- está movilizando un tipo de afiliado o simpatizante que puede esperar únicamente ampararse en una ideología, o lo que de ella quede. Los cargos y prebendas se fían para muy largo. Por otra parte, liberados de los apremios y tentaciones que comporta el gobernar, los nuevos y viejos socialistas pueden practicar el antiguo ejercicio de la reflexión. Algo novedoso para muchos, sin duda. A este capítulo responde el llamado Foro XXI, celebrado estos días pasados, en el que han concurrido las mejores seseras -conocidas unas, anónimas otras- que pastorea Joan Romero y cuyas conclusiones, en lo que concierne a las estructuras y coyuntura económica del País Valenciano, son ciertamente deprimentes. Sobre todo, si las contrastamos con la bonanza y autosatisfacción que se predica desde el Palau de la Generalitat y sus aledaños. Sin haber descubierto ningún Mediterráneo -que tampoco se trataba de eso- los talentudos socialistas han radiografiado nuestras carencias y señalado los desafíos que habría de acometerse. Ahora sólo falta que sean coherentes para abordarlos en sus programas, sin caer en las habituales concesiones, como es la demagogia tediosa acerca de la pequeña empresa, que por estos lares es "mini", y que tanto lastra nuestro desarrollo. O la economía sumergida, sobre la que tantas tolerancias y ambivalencias han profesado, cuando es otro dogal que tampoco afrontaron con decisión en tanto gobernaron. O la avaricia de las partidas presupuestarias dedicadas a investigación... Y un largo etcétera que se agrava con la sequía que ya aprieta, pero de la que no sería decente culpar a los populares, ni a los socialistas mismos. Subrayo la importancia de este Foro porque se me antoja una fórmula idónea para que el PSPV consolide su cualidad de alternativa política, que lo será en tanto proponga algo más que simples descalificaciones genéricas o personales de su adversario, el PP. Así, mientras aguardan a que éste se deshinche electoralmente, bien podría el PSPV reunir a sus expertos, anónimos o no, y perfilar un modelo de gestión innovador para RTVV, lo que no es incompatible con fiscalizar el actual minutado de los informatvios u otras chorradas semejantes enquistadas desde la fundación del ente. O repensar qué se quiere para el Área Metropolitana de Valencia, de no ser que prefieran abolirla definitivamente, en el supuesto de que no acabe antes con ella la alcaldesa Rita Barberá. Digo, en fin, que sin movilizar los recursos intelectuales la renovación en curso arriesga con quedarse en un cambio de caretos que reproducen los viejos guiños. La obsesión por las urnas no debiera abortar este proceso.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 25 de febrero de 1999