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XX ANIVERSARIO DE LA CONSTITUCIÓN

Aznar advierte de que sólo cambiará su política penitenciaria si ETA anuncia que deja las armas

El presidente del Gobierno, José María Aznar, manifestó ayer, en la celebración del XX aniversario de la Constitución, que las voces que piden la reforma constitucional son "muy minoritarias" frente a la gran mayoría de los españoles. Aznar aprovechó la efeméride para pedir a todas las autonomías, no sólo a las gobernadas por los nacionalistas, que abandonen el discurso de la reclamación y den paso al de la corresponsabilidad entre ellas. Es la segunda vez que hace ese discurso en una misma semana. Más rotundo aún, aprovechó su encuentro con la prensa en el Congreso para advertir a ETA y a los partidos nacionalistas vascos de que el paso del tiempo sin violencia es importante, pero no suficiente para que el Gobierno cambie su política penitenciaria. Es imprescindible, dijo, que ETA anuncie antes que deja definitivamente las armas.

José María Aznar trató de realzar la celebración del XX aniversario de la Constitución, en pleno debate político sobre su posible reforma, con una amplia representación de miembros de su Gabinete en el acto convocado en el Congreso de los Diputados por el presidente de la Cámara, Federico Trillo. Así, apareció acompañado de sus dos vicepresidentes, Francisco Álvarez Cascos y Rodrigo Rato, y de una mayoría de sus ministros. La concurrencia de invitados fue mucho más numerosa que en años precedentes. En el exterior, varios cientos de familiares de afectados por el aceite de colza adulterado pedían a gritos beneficios para ellos como las pensiones no contributivas.El jefe del Ejecutivo, que aprovechó su presencia en el Congreso para departir con la prensa, puso gran énfasis en enviar un mensaje nítido a ETA y los partidos nacionalistas vascos. Admitió que el proceso generado el 17 de septiembre, con el alto el fuego de la banda terrorista, es "lento", pero subrayó que evoluciona tal como él mismo había pronosticado en sus declaraciones de octubre y noviembre. No quiso apremiar a ETA y su entorno al señalar que el incipiente proceso de paz requiere "elementos de maduración muy largos para algunos", pero sí insistió en que no habrá ni traslado de presos etarras a prisiones de Euskadi ni excarcelaciones sin que la banda dé antes un paso definitivo.

Precisó que el Gobierno está dispuesto a conceder el tiempo necesario para facilitar el proceso, en una clara alusión a la circunstancia de que el llamado Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV) aún no ha decidido quiénes serán sus interlocutores ante él, ya que, en este momento, está centrado expresamente en la estrategia de su política en el País Vasco, donde Euskal Herritarrok (EH) ha ofrecido su apoyo durante los cuatro años de legislatura a un Ejecutivo nacionalista formado sólo por el PNV y Eusko Alkartasuna (EA).

Sí quiso aclarar Aznar a los partidos nacionalistas que piden el inmediato traslado de los presos etarras a las cárceles vascas que "nadie debe dar por hecho" que el que la banda lleve meses sin actuar, aun siendo importante, "supondrá por sí solo cambios sustanciales en la política penitenciaria del Gobierno". Es necesario, dijo, que "la otra parte" muestre una voluntad clara, inequívoca y determinante del abandono definitivo de las armas. Aznar precisó que "nadie debe equivocarse" y que acompasará "la política penitenciaria a los avances del proceso de paz". "Ése y ningún otro será el camino que siga el Gobierno", remachó el jefe del Ejecutivo.

Sin presiones

El presidente afirmó asimismo que "ningún tipo de presión afectará a la política penitenciaria del Gobierno", en clara referencia a que el Ejecutivo no se va a dejar influir ni por la campaña de movilizaciones que ha iniciado el MLNV para conseguir antes de Navidades el traslado de los presos ni por las amenazas.El próximo Ejecutivo vasco, formado por el PNV y EA, con el apoyo externo de EH, también mereció la atención de Aznar, quien apuntó que, desde el punto de vista institucional, le interesa un Gobierno autónomo con "capacidad de diálogo suficiente" dentro de la normalidad institucional. Pero precisó que a los dos partidos gobernantes les corresponde asumir la responsabilidad ante la opinión pública de los compromisos que mantengan a partir de ahora con el nacionalismo radical.

En este sentido, expresó su confianza en que desde el nuevo Gobierno vasco "nadie tenga ni siquiera la tentación de impulsar políticas de radicalización", porque sería "ir muy en contra del deseo expresado por los ciudadanos vascos en las últimas elecciones y también contra los intereses económicos, políticos y sociales del País Vasco". Aznar aprovechó el aniversario de la Constitución para hacer una glosa de la vigencia de la Carta Magna. Subrayó el "extraordinario consenso" que despierta entre los españoles, que "en su mayoría no desean embarcarse en las aventuras y los riesgos" que supondría su modificación. Y aseguró que las voces que reclaman su reforma "son minoritarias frente a la gran mayoría de los españoles".

[El diario La Vanguardia publicaba ayer una encuesta según la cual el 83% de los españoles -el 77,8% de los catalanes y el 65% de los vascos- apoya la Constitución. El 48,8%, no obstante, cree que habría que reformarla para actualizarla.]

El presidente quitó importancia a la ausencia en los actos de los dirigentes nacionalistas más significativos, como Jordi Pujol, de CiU; Xabier Arzalluz, del PNV, y Xosé Manuel Beiras, del Bloque Nacionalista Galego (BNG). "La gran mayoría de los españoles valora de forma muy positiva los veinte años transcurridos desde su aprobación", concluyó.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de diciembre de 1998

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