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EL REGRESO DE LOS CAMPEONES

Raúl recupera su puesto en el escalafón mundial

El problema de jugadores como Raúl es que tienen que situarse siempre a la altura de su prestigio, trabajo imposible que suele llevarles a periodos de infelicidad, melancolía o irritación. Durante el último año, Raúl ha pasado un ciclo acelerado y convulsivo. En enero fue designado por la UEFA como uno de los cinco mejores futbolistas del mundo. Pocas semanas después convocó a los periodistas para desmentir comentarios perniciosos y para justificar el precario estado de su juego.Pasó inadvertido en la fase final de la Liga de Campeones. Y el Mundial de Francia no le ayudó. Desaprovechó la oportunidad de refrendar su crédito y salió dolido del torneo. Dolido en todos los aspectos. Una lesión de pubis afectó a su rendimiento. Pero también sufrió un daño en su estima. Raúl no despegó en la Copa del Mundo, y para un jugador de su orgullo esta circunstancia resultó demoledora.

El problema es que su discreta actuación en Francia no podía pasar inadvertida. A las estrellas se les mide con una vara diferente. No son jugadores como los demás. Están expuestos a todo lo excesivo: en los elogios y también en las críticas. Raúl no podía pretender un nível de crítica inferior a su rango estelar.

Su gol en Tokio fue formidable en muchos aspectos. Pero sobre todo es un gol con muchas lecturas. La primera está relacionada con su perfil de futbolista: es delantero y es un delantero ganador. Los entrenadores deberían respetarle esa condición y no convertirle en un jugador ambulante, subsidiario de las necesidades del resto del equipo.

El gol también señala su verdadero perfil como jugador. En un fútbol cada vez más previsible, a Raúl le puede la imaginación. Es el caso más próximo al de un crack sin las condiciones de un crack. No es especialmente rápido, ni fuerte, ni técnico. Tampoco golpea con pureza al balón. Su cualidad principal es que piensa lo impensable. Y que se atreve a acometer su osadía. De ahí que Raúl sea autor de varios de los goles más inolvidables de los últimos años. Goles fabulosos. Goles que sólo pueden surgir de una gran estrella. Después de un periodo de incertidumbre, el tanto de Raúl en Tokio tiene el valor añadido de situarle nuevamente en el primer plano del fútbol mundial. Ha regresado al lugar que abandonó durante los últimos meses. Raúl no podía pensar de ninguna manera que este año tendría un puesto entre los cinco mejores del mundo.

Ahora tiene todo el derecho a exigir el reconocimiento de la gente y de la crítica, con la particularidad que siempre planeará sobre su carrera: nunca será uno más, nunca se le juzgará como a uno más. Es el privilegio y el tormento de las estrellas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 3 de diciembre de 1998