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El barrio marginal de las 3.000 Viviendas de Sevilla estrena policía

Se llaman Jesús y José y no van a emprender ninguna huida a Egipto. Desde ayer, pasarán muchas horas juntos. Harán, en horarios de mañana y tarde, la ronda diaria de policías del barrio sevillano de Murillo, vulgo 3.000 Viviendas. Jesús tiene 38 años y es gallego de Vigo. José tiene 26, nació en Camas y es de la última hornada policial. Esta semana no hablarán mucho de fútbol porque Jesús es del Celta y José es bético. La policía de barrio de Murillo fue presentada ayer por la alcaldesa.

"Si son siempre los mismos y hacen la ronda a pie, el barrio irá mejorando", dice Manuel de los Reyes, presidente de la asociación de vecinos de la barriada Bartolomé Esteban Murillo, entidad construida sobre la base de las plazoletas. Antonio Romero Pastor, por ejemplo, es presidente de una de las 18 plazoletas de este barrio. A sus 78 años, no tira la toalla. "Yo nací en Despeñaperros. Cuando terminó la guerra, salí del ejército rojo. Peleé en la 148 Brigada Mixta. Éramos de choque, no le temo a esos mangantes que me han maltratado varias veces". La barriada Murillo acogió a vecinos de aluvión que dejaron sus viviendas del centro por la presión especulativa y padecieron un purgatorio cuyos nombres parecen hitos de un ingeniero de caminos: la dársena, el Vacie, las cocheras. Las hermanas Encarnación y Carmen Cáceres nacieron, se criaron y se casaron en la barriada de Santa Cruz, la misma en la que está enterrado Murillo. "Nuestro padre era carpintero de las Teresas, el que hacía las cajas para las monjas que se morían". Quieren ir de Murillo a Zurbarán, aunque el nombre del centro Cívico, el Esqueleto -"las obras estuvieron muchos años paradas y sólo se veían las viguetas"- tiene connotaciones de Valdés Leal. Con el apoyo del delegado de Obras Públicas, Manuel Vieira, regularizaron 2.850 viviendas y frenaron la venta ilegal de pisos. "Quedan 150 pendientes de inspección". Es una barriada joven y compleja seccionada en fragmentos conocidos por el color de los pisos: por orden cronológico, los Marrones, los Verdes, los Amarillos y los Rojos. En la junta conviven el presidente, afincado en los Verdes; Luis Narváez, confitero de Triana, 67 años, que vive en los Amarillos; Rafaela Esteban, 51 años, viuda desde los 28, que crió a sus seis hijos en los Rojos; y Julián Arrabal, 45 años, "aprendiz de todo, oficial de nada", que cambió un corral de vecinos de San Jerónimo por un piso en los Marrones. "Todos los muertos nos los echan a nosotros". Los vecinos recuerdan que la reyerta saldada con un muerto se produjo en las 624 Viviendas, Martínez Montañés en el callejero, Las Vegas en la jerga popular. "Allí les da miedo entrar", decían unas vecinas de esa barriada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 14 de octubre de 1998

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