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Tribuna:

Ambiente caldeado

En la actual coyuntura bursátil cabe cualquier posibilidad, desde el acierto por parte de Alan Greenspan hasta la continuidad de la tendencia alcista debido a la inmejorable situación económica. El problema de los inversores es que entre ambos extremos hay demasiadas probabilidades y que hay que valorarlas sobre la marcha, lo cual da lugar a sesiones como la de ayer, en la que los precios suben y bajan con fuerza en cuestión de minutos sin que nadie disponga de criterios nuevos.

El índice general de Madrid subió, y bajó, sin control a lo largo de todo el día, pero el resultado final, un recorte del 0,31% no aporta datos a los inversores que siguen el mercado de lejos. La diferencia entre el nivel máximo y el mínimo de esta jornada fue de 12,15 puntos, el 1,31% cifras que aportan algo más de información y que ponen el acento en la vuelta de la volatilidad a los mercados como consecuencia de la enorme incertidumbre que soportan.

En algún momento de la sesión, algunos inversores enumeraban los problemas que son capaces de influir en los mercados, y uno de ellos sugirió que al menos una de las pantallas del parqué debía contener un atlas.

Curiosamente, los mercados asiáticos se habían mostrado tranquilos a lo largo de la noche occidental, pero la caída que había registrado Wall Street en las jornadas anteriores recordaba las declaraciones del presidente de la Reserva Federal sobre una posible corrección en las bolsas, y parece que nadie quiere verse atrapado.

La contratación en el mercado español sigue siendo muy baja —ayer se negociaron 106.700 millones de pesetas en el mercado continuo y con una cuarta parte en aplicaciones—, a pesar de que los vaivenes en el precio de los contratos de futuros pudo provocar operaciones de arbitraje.

En ese mercado apenas se negocia ron 16.000 contratos y concentrados en los dos primeros vencimientos, en lo que es una referencia muy clara al temor que existe sobre el comportamiento de las bolsas de valores a corto y medio plazo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 25 de julio de 1998